Medios de comunicación: Los peligros de la «bomba informativa»

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Habla Zygmunt Bauman, sociólogo de la Universidad de Leeds

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ROMA, 11 noviembre 2002 (ZENIT.orgAvvenire).- Del 7 al 9 de noviembre se celebró en Roma el Congreso «Parábolas mediáticas: hacer cultura en tiempos de la comunicación», el acontecimiento más importante organizado por la Iglesia en Italia durante el año 2002.

En el encuentro que reunió a un total de ocho mil profesionales de la comunicación, organizado por la Conferencia Episcopal Italiana, participó Zygmunt Bauman, sociólogo polaco de la Universidad de Leeds, quien en esta entrevista alerta ante el riesgo de caer en la indiferencia y en la pasividad ante el creciente flujo de las comunicaciones.

–Profesor, el creciente flujo de mensajes procedentes de un número cada vez mayor de fuentes mediáticas, ¿produce efectos en la conciencia de la gente?

–Zygmunt Bauman: Ciertamente. El filósofo francés Paul Virilio habla de «bomba informativa» a punto de estallar, más peligrosa aún que la bomba atómica. Parecía que el desafío consistía en desentrañar el misterio de la naturaleza: una vez que hubiéramos conocido sus leyes, la habríamos dominado y sometido a las exigencias humanas. Hoy el desafío está en cómo asimilar el conocimiento acumulado y hacer de él un uso sensato, cómo separar el precioso grano de la información importante de la paja inútil.

El flujo de información parece desactivar el pensamiento antes que habilitarnos para él. No hay tiempo para concentrarse, para focalizar la atención, reflexionar. El pensamiento crítico y creativo requiere tiempo para sopesar: pero el tiempo es un bien que los medios de comunicación no pueden proporcionar. Si a Emile Zola se le hubiera dado la oportunidad de defender a Dreyfus en televisión, sólo habría tenido tiempo de gritar «j’ accuse!…».

–La información global parece que nos permite conocer todo, pero no nos concede la esperanza de poder cambiar nada. Esta sensación de impotencia, ¿no puede hacernos indiferentes?

–Zygmunt Bauman: Esta es probablemente la mayor dificultad con la que se enfrenta cualquier esfuerzo de ampliar nuestra conciencia moral sobre la dimensión global de los problemas y de los deberes que todos compartimos. Estamos en «estado de espera» («by-standers»), somos testigos silenciosos y pasivos que ven y escuchan, pero que pueden hacer poco para que ocurran hechos positivos y para prevenir o bloquear los negativos.

–¿Cómo pasar del estado de espera «by-standers» al de agentes activos?

–Zygmunt Bauman: No nos ayuda a dar respuesta el modo en el que la información se ofrece. Se nos proponen imágenes impactantes de pobreza humana, pero nadie nos ayuda a comprender las causas profundas y los complejos mecanismos que cada vez provocan la aparición de la miseria a pesar de nuestra solidaridad. Dudamos de la capacidad de mejorar las cosas puesto que ignoramos el nexo entre los que hacemos (o no hacemos) y lo que se nos muestra en televisión.

–¿Hay posibilidad de salida?

–Zygmunt Bauman: Dependemos unos de los otros, así que somos objetivamente responsables del prójimo. Aquello que hacemos o no hacemos marca la diferencia en la vida y las oportunidades de otros. El paso decisivo hoy es asumir la responsabilidad de lo que ya nos compete y actuar en consecuencia. Sin embargo, somos empujados a encontrar (en vano) soluciones locales para problemas globales, a buscar refugio de las inquietudes mundiales en comunidades fortificadas, a construir nuestra seguridad mientras abandonamos a los demás a su suerte. Esta puede ser una respuesta natural al ansia y al miedo que todos experimentamos –sí, pero es una respuesta ineficaz, miope, perdedora–. Y los medios de comunicación, en su carrera por el consenso, se guardan bien de molestar a sus usuarios y desenmascarar el engaño.

–¿En qué medida incide la exposición a los medios de comunicación y a mensajes negativos en el comportamiento de quien los consume, empezando por los más jóvenes?

–Zygmunt Bauman: No lo sabemos. ¿La gente se vuelve violenta porque ve violencia en los medios de comunicación, o bien pide violencia a los medios porque vive en un contexto violento? La política y el marketing necesitan mostrar lo que su público quiere ver. Y lo que a la gente le gusta ver no depende sólo de los medios de comunicación, sino del mundo en el que se vive y del que se obtienen experiencias e intereses. Si queremos cambiar el mensaje de los medios de comunicación se requiere hacer algo por el hombre y la sociedad, más que dirigirse a los profesionales de los medios o pensar en hacerles callar por ley.

–¿Qué tipo de cultura expresan hoy los medios de comunicación?

–Zygmunt Bauman: El tipo de cultura que los usuarios de los medios reconocen como el modo de vivir cotidiano. «Talk show», seriales televisivos y anuncios forman una especie de espejo gigante en el que los espectadores miran hasta el infinito las imágenes repetidas de su experiencia, sus alegrías y ansias, los sueños y las preocupaciones, todo lo que les resulta familiar. El mensaje que nos llega es siempre el mismo: si fracasas, es culpa tuya; si estás en dificultades, sólo puedes contar con tus recursos para salir adelante. Sin embargo, temo que echar la culpa a los medios de comunicación por aquello que es culpa de la sociedad es erróneo y arriesgado.

–La Iglesia, ¿cómo puede comunicar eficazmente su mensaje en un contexto cultural en el que lo que sugieren los tiempos es el «show business»?

–Zygmunt Bauman: Cuando el Papa se encuentra con miles de jóvenes, su mensaje llega a todos sin necesidad de descender a compromisos con las exigencias del espectáculo. Los valores permanecen en pie por sí mismos. Cuanto menos amor y buena voluntad queden en el «mundo real», con mayor avidez desearemos todos los valores que hayamos perdido. La gente que desea amor, amistad, vínculos duraderos, que quiere contar con los demás, que desea «sentirse en casa» en compañía de cualquier ser humano, esta gente hoy es todo excepto «audiencia minoritaria».

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ZENIT Staff

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