El Papa condena enérgicamente la violencia en Colombia

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Exige de nuevo la liberación del presidente del CELAM

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CIUDAD DEL VATICANO, 13 noviembre 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II pronunció este miércoles duras palabras contra la violencia en Colombia y exigió de nuevo la liberación del obispo presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y del párroco que con él fue secuestrado por la guerrilla este lunes.

«No cesan de llegar noticias dolorosas de Colombia, que esta vez se refieren al secuestro de monseñor Jorge Enrique Jiménez Carvajal, obispo de Zipaquirá y presidente del CELAM, junto con un sacerdote que le acompañaba», el padre Desiderio Orjuela, confesó el Papa al final de la audiencia general en la que participaron más de siete mil peregrinos.

«Este hecho, que acrecienta el clima de vejación de los derechos humanos y aqueja tanto a la población civil como a la Iglesia, me impulsa a expresar una vez más la repulsa de toda violencia y lesión de la dignidad humana, que nunca es camino de paz», afirmó el Santo Padre.

«Mientras pido vehementemente la liberación de todos los secuestrados y que estos pastores puedan volver a ejercer su servicio al Pueblo de Dios, elevo mis oraciones para que Dios conceda la tan ansiada paz a Colombia», concluyó.

Monseñor Jiménez, de 60 años, ha promovido la paz en los diez años en los que es obispo de Zipaquirá y en varias ocasiones ha negociado con grupos armados.

El padre Desiderio Orjuela, de 78 años, párroco de Pacho (Cundinamarca), ha sido descrito este miércoles por el diario colombiano «El tiempo» como «apóstol de los pobres».

Este martes, Juan Pablo II ya había enviado un telegrama al cardenal Pedro Rubiano Sáenz, arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, en el que pedía a los secuestradores la liberación del prelado.

Publicamos a continuación el llamamiento original del Papa.

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No cesan de llegar noticias dolorosas de Colombia, que esta vez se refieren al secuestro de Mons. Jorge Enrique Jiménez Carvajal, Obispo de Zipaquirá y Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano, junto con un sacerdote que le acompañaba.

Este hecho, que acrecienta el clima de vejación de los derechos humanos y aqueja tanto a la población civil como a la Iglesia, me impulsa a expresar una vez más la repulsa de toda violencia y lesión de la dignidad humana, que nunca es camino de paz. Mientras pido vehementemente la liberación de todos los secuestrados y que estos pastores puedan volver a ejercer su servicio al Pueblo de Dios, elevo mis oraciones para que Dios conceda la tan ansiada paz a Colombia.

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ZENIT Staff

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