«La liturgia se basa en el ayer, pero mira al mañana»

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Entrevista a Juan Javier Flores, presidente del Pontificio Instituto Litúrgico (PIL)

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ROMA, martes, 30 marzo 2004 (ZENIT.org).- Juan Javier Flores Arcas, (Linares, 1951) benedictino del monasterio castellano de Silos, presidente del Pontificio Instituto Litúrgico de San Anselmo está convencido de que la liturgia es ante todo un encuentro con Cristo y con los hermanos.

En esta entrevista con Zenit repasa los últimos cuarenta años de la vida litúrgica de la Iglesia, y se muestra esperanzado: «la liturgia es vivencia cristiana desde una vida inyectada en fe y en caridad, en la esperanza de que podemos y debemos hacer un mundo mejor y más humano».

–Los jóvenes, ¿se acercan a la fuente de la liturgia?

–Flores: Quien es verdaderamente cristiano no puede no ir a beber de esta «fuente de agua viva» que sacia su sed de Dios. Me preocupa que los jóvenes dejen este manantial y busquen suplencias; es un reto para la liturgia de hoy y exige por parte de los pastores un notable esfuerzo de presentarla con autenticidad y sin rebajas.

Para todo ello se necesita fe, convicción de que la sagrada liturgia es «fuente y cumbre de la vida de la Iglesia», como sugiere la «Sacrosanctum Concilium» (10).

Si un cristiano deja esta fuente auténtica, debe examinar su identidad; si busca otras fuentes deberá sentirse interpelado; si la desprecia, debería examinar sus bases cristianas; si la busca está en el buen camino; el mismo camino que inició con su bautismo y que la Eucaristía dominical orienta.

–¿La liturgia lleva al compromiso con la vida automáticamente?

–Flores: El problema puede estar en que la liturgia a su vez nos compromete con lo celebrado y después de la celebración está la vida y el compromiso en que esta nos introduce, quizá es esto lo que hace que algunos huyan: el compromiso, el post-celebrativo, la vida misma que brota de la celebración.

La liturgia es encuentro con Cristo y con los hermanos que nos ayudan a compartir a Cristo, es vivencia cristiana desde una vida inyectada en fe y en caridad, en esperanza de que podemos y debemos hacer un mundo mejor y más humano.

–¿Puede ser que la liturgia se olvide de Jesucristo, valga la paradoja?

–Flores: Si la liturgia es la celebración del misterio pascual de Jesucristo y la salvación es la plena y total inserción en Jesucristo; ambas realidades van íntimamente unidas, porque la liturgia permite a los cristianos entrar en la vida divina que es la salvación total de los cristianos.

Nuestro bautismo es la puerta de la vida y de la Iglesia; traspasada esta puerta estamos en la Iglesia y hemos de vivir de acuerdo a las exigencias cristianas.

–La liturgia es tradicional y moderna al mismo tiempo, ¿cómo se conjugan estas tensiones?

–Flores: La liturgia es tradicional por su propia naturaleza, pero moderna por propia exigencia; se ancla en el pasado pero no se anquilosa en él; se basa en el ayer pero mira al mañana.

El Misal Romano de Pablo VI es profundamente tradicional, pero acogiendo a su vez al mundo de hoy y sus necesidades. Véanse sus formularios por la paz y la justicia, o por el trabajo del hombre, etc.

Véase el Bendicional con las posibilidades que tiene de llevar una bendición divina a los trabajos de los hombres, estén donde estén. Las riquezas que encierran los libros litúrgicos renovados son inmensas y favorecen al hombre de hoy, desde la experiencia del ayer y del hombre de todos los tiempos.

Los distintos rituales de los sacramentos han sido pensados precisamente para responder al hombre de hoy y a sus exigencias concretas.

Con el correr de los siglos la Iglesia deberá volver a ser a ser lo que fue en sus comienzos y para lo que la quiso su fundador, celebración del Misterio Pascual de Cristo.

–¿Así la liturgia es actual por definición?

–Flores: Moviéndose sobre esta línea pascual, la liturgia ayudará al hombre de todos los tiempos a relacionarse con Cristo y con El llegar a la Santa Trinidad. No le faltarán peligros de desviarse, ni alejarse de la primitiva línea pascual, pero si mantiene la línea pascual, sabrá siempre volver a su propia realidad.

La comunidad primitiva fue muy consciente del papel liberador de la Palabra de Dios y de la recepción de los sacramentos.

Si la liturgia vuelve continuamente a las acciones liberadoras de Dios a lo largo de la historia del pueblo elegido, es decir a la «anamnesis» del hecho liberador de Dios, será tarea específica de toda celebración litúrgica tener presente esta liberación del pasado y actualizarlo en el cotidiano quehacer humano.

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Juan Javier Flores Arcas preside el Pontificio Instituto Litúrgico (http://www.santanselmo.org/Italiano/PIL/PILInformazioniGenerali.htm) que cuenta con más de doscientos alumnos repartidos en tres ciclos. Fue fundado en 1961, cuando se estaba fraguando la constitución conciliar, y entre sus objetivos está el estudio científico de la liturgia en el ámbito histórico, teológico y pastoral.

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ZENIT Staff

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