En el Sínodo la Iglesia se juega su credibilidad para anunciar a Cristo, considera Benedicto XVI

Inaugura la primera asamblea episcopal de estas características de su pontificado

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CIUDAD DEL VATICANO, 2 de octubre de 2005 (ZENIT.org).- Benedicto XVI inauguró este domingo el primer sínodo de los obispos de su pontificado constatando que la Iglesia de inicios de milenio sólo será convincente a la hora de anunciar a Cristo si redescubre la Eucaristía.

El Papa presidió una misa solemne en la basílica de San Pedro en la que concelebraron 55 cardenales, siete patriarcas, 59 arzobispos, 123 obispos y 40 presbíteros. En ella presentó sus pautas para las sesiones de trabajo de los participantes en la asamblea sinodal, en la que participan 256 obispos de 118 países con el tema «La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia».

«¿Por qué este tema? ¿No es quizá un argumento descontado, que se da por supuesto?», se preguntó tras concluir la misa, antes de rezar el Ángelus. «En realidad, la doctrina católica sobre la Eucaristía, definida autorizadamente por el Concilio de Trento, pide ser recibida, vivida y transmitida a la comunidad eclesial de manera siempre nueva y adecuada a los tiempos».

Sin comprender y vivir la Eucaristía, añadió, las comunidades cristianas «perderían su auténtica naturaleza»: «sólo en la medida en que son «eucarísticas» pueden transmitir a los hombres a Cristo, y no sólo ideas o valores por más nobles e importantes que sean».

Esta es la respuesta que el sucesor de Pedro quiere que ofrezca la Iglesia a una sociedad, como la contemporánea, en la que –según constató en la homilía de la misa inaugural– parece que «Dios nos estorba o se hace de Él una simple frase devota o se le niega todo, desterrándolo de la vida pública, hasta que de este modo deje de tener significado alguno».

«La tolerancia que sólo admite a Dios como opinión privada, pero que le niega el dominio público, la realidad del mundo y de nuestra vida, no es tolerancia, sino hipocresía», denunció.

«Ahora bien, allí donde el hombre se convierte en el único dueño del mundo y en propietario de sí mismo no puede haber justicia. Allí sólo puede dominar el arbitrio del poder y de los intereses», siguió advirtiendo.

Su análisis se centró también en la Iglesia, particularmente en la occidental: «Nuestra vida cristiana, con frecuencia, ¿no es quizá más vinagre que vino? –se preguntó– ¿Autocompasión, conflicto, indiferencia?».

La homilía concluyó con un llamado a la esperanza, pues «Dios no fracasa. Al final, triunfa, triunfa el amor».

«Si permanecemos unidos a Él –aseguró–, entonces daremos fruto también nosotros, entonces ya no daremos el vinagre de la autosuficiencia, del descontento de Dios y de su creación, sino el buen vino de la alegría en Dios y del amor por el prójimo».

El Sínodo de los obispos concluirá el domingo 23 de octubre, Domingo Mundial de las Misioines (DOMUND). De él surgirán las proposiciones aprobadas en la asamblea que servirán para la redacción de la exhortación postsinodal con la que Benedicto XVI demarcará los rasgos de una Iglesia capaz de ser misionera en el tercer milenio.

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ZENIT Staff

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