Luces y sombras de Paraguay, según sus obispos

Mensaje al final de la asamblea plenaria

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ASUNCIÓN, miércoles, 16 de noviembre de 2005 (ZENIT.org).- Ofrecemos el mensaje que publicaron los obispos del Paraguay al concluir su asamblea plenaria ordinaria el 11 de noviembre. El título del documento es «Servidores del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del Paraguay».

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Como servidores del Evangelio de Jesucristo, los Obispos del Paraguay hemos realizado nuestra 174 Asamblea Plenaria Ordinaria en un ambiente de afecto colegial y respeto entre hermanos. Ofrecemos el esfuerzo de la unidad, como testimonio del amor a nuestro pueblo que tanto necesita de ello. En esta ocasión, además, queremos compartir con los fieles cristianos y con las personas de buena voluntad los resultados de nuestra reflexión en un mensaje marcado con la fuerza de la esperanza.

1- UNA IGLESIA EN PROCESO DE REVISIÓN Y CONVERSIÓN A JESUCRISTO

1.1. Las luces y esperanzas:

Acabamos de concluir el Año Eucarístico Internacional, inaugurado por Juan Pablo II un año antes. Durante este tiempo, hemos visto el peregrinar de nuestra Iglesia que sobrellevó el peso de sus pecados, pero también sintió la infinita misericordia que el Señor nos prometió.

Somos una Iglesia con luces y sombras. Junto con personas muy cercanas a Cristo, imitadoras de Él, hay muchos cristianos que no intentan, suficientemente, vivir como tales.

El año de la Eucaristía y de Cristo Sacerdote que hemos concluido, ha significado en nuestras diócesis y en nuestras comunidades una vivencia de la centralidad de la Eucaristía, como sacramento de unidad y de comunión, y el sacerdocio como Don de Dios y como presencia del mismo Señor que pastorea a su pueblo.

Nos anima en la esperanza el caminar de todo un pueblo de cristianos, en comunidades vivas y dinámicas, en proceso constante de conversión y crecimiento en la fe en el Señor que nos llama a ser solidarios unos con otros en la ayuda mutua.

Con este mismo espíritu, ahora caminamos hacia la celebración de los 50 años de la Conferencia Episcopal Paraguaya, CEP, que nace un año después de la realización de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Río de Janeiro, Brasil.

Durante estos 50 años de servicio a los hombres y mujeres de este pueblo paraguayo, llegamos hoy a abrir nuestra mente y nuestro corazón para escuchar la voz del Señor que nos habla. Es así que hemos comenzado un proceso de consulta con la motivación: ¡Habla Señor que tu Iglesia escucha!

Somos conscientes de que la Iglesia, situada en un ámbito sociocultural particular, se expone a los mismos pecados que afectan a la sociedad y que, muchas veces, involucra a personas e instituciones de la misma Iglesia.

1.2. Las sombras y pecados en los ámbitos social, político y económico:

Las condiciones sociopolíticas y económicas no han mejorado. El mejoramiento que se dio en los inicios del gobierno actual en términos macroeconómicos, y que ha sido un logro importante, no ha llegado sin embargo al nivel de la economía doméstica.

Crecen los niveles de pobreza y de hambre en amplios sectores de la sociedad paraguaya sin que se visualicen políticas públicas urgentes y pertinentes como respuesta eficaz para superarlos. Entre las consecuencias más dramáticas de esta situación se puede mencionar el éxodo de muchos paraguayos a España y otros países europeos buscando mejores horizontes de vida.

No se percibe que la conducción política nacional se interese y trabaje en la elaboración de un proyecto país.

Lamentablemente, sigue la corrupción generalizada tanto en las esferas de los organismos públicos como en el ámbito privado. En este sentido, queremos señalar el deficiente desempeño del Poder Judicial y del Ministerio Público.

En el plano político vemos nuevos brotes autoritarios y la priorización de campañas político-partidistas, entre otros signos preocupantes. Los intereses y las actitudes electoralistas, posponen o, directamente, dejan de lado las necesidades y proyectos nacionales. Es más, en pos de los proyectos electorales se manipula a los pobres y marginados: campesinos, indígenas, ancianos.

Si bien los fondos utilizados por las entidades binacionales en obras y aportes en otros conceptos benefician a un sector de la población, nos preocupa la falta de transparencia en el manejo de los mismos.

1.3. Las sombras en el ámbito religioso:

Los males temporales,sociales, económicos y políticos, son también consecuencia de los problemas personales; de una fe y compromiso cristiano débiles. Si la luz de la fe y la adhesión a Cristo se apaga, la sociedad queda a oscuras. No hay hombres nuevos sin estructuras nuevas y, a la vez, éstas sólo son posibles a partir de hombres nuevos.

En este contexto, nos interpela la presencia agresiva de movimientos religiosos de distinta índole que atraen a muchos católicos; hay migración a iglesias no católicas por interés, puesto de trabajo o por simple deseo de encontrar una mejor acogida. Esta realidad nos demuestra la débil identidad de nuestros fieles y, por otro lado, nos cuestiona sobre el sentido de pertenencia de algunos a la Iglesia Católica.

Nos desafía particularmente el divorcio entre la vida y la fe, es decir, vivir diferente de lo que se cree. Esto indica la poca eficacia de nuestra evangelización. Se da un proceso acelerado de descristianización. Es urgente una evangelización renovada que forme al paraguayo y a la paraguaya en hombres nuevos y en mujeres nuevas.

Esta situación de sombra nos exige proclamar la Buena Noticia para iluminar y transformar nuestro modo de actuar en este momento y nos pide buscar una sociedad, a partir del Evangelio, más justa y fraterna, de paz, de amor y de verdad; una sociedad más honesta y solidaria.

Al mismo tiempo que la Consulta y Reflexión eclesial que la Conferencia Episcopal Paraguaya lleva adelante, está en marcha el proceso de participación de la Iglesia paraguaya para llevar su aporte a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que el Santo Padre Benedicto XVI convocó para mayo de 2007 en el Santuario Mariano de APARECIDA, Brasil, para tratar el tema: Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida. –

A través de esta Conferencia General del Episcopado, queremos impulsar una mayor conciencia del compromiso misionero de cada uno de los cristianos para generar la vida de Jesucristo en los corazones de las personas y en el seno de las comunidades.

Los Obispos del Paraguay invitamos a todos los miembros de nuestra Iglesia, a todas nuestras comunidades cristianas, a orar por estos grandes emprendimientos de la Consulta Eclesial y de la V Conferencia.


2- SERVIDORES DEL EVANGELIO DE JESUCRISTO PARA LA ESPERANZA

Nuestra misión de pastores es anunciar la esperanza, partiendo de la predicación del Evangelio.

A los Obispos nos corresponde, en particular, “la tarea de ser profetas, testigos y servidores de la esperanza… Donde falta la esperanza, la fe misma es cuestionada. Incluso el amor se debilita cuando la esperanza se apaga. Ésta, en efecto, es un valioso sustento para la fe y un incentivo eficaz para la caridad, especialmente en tiempos de creciente incredulidad e indiferencia.” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica, Pastores de la Grey, Nro. 3).

La Iglesia camina con su pueblo, vive y siente sus angustias y esperanzas. Y, precisamente, para un mejor servicio a este pueblo, para generar un mayor sentido de pertenencia, de responsabilidad y de compromiso cristiano, consulta a las comunidades cristianas y reflexiona con ellas, en un ambiente de escucha de la Palabra de Dios, de oración, para formular y establecer Líneas Comunes de Acción Pastoral para la Iglesia en el Paraguay.

Por eso, los Obispos no hablamos por sentirnos mej
ores que nadie, sino porque queremos servir a todos. No tememos las críticas. Sí nos duelen la injusticia y el egoísmo.

La Iglesia acompañó siempre al pueblo en sus reclamos. Los Obispos no sólo tenemos el derecho de expresarnos sobre los hechos sociales, políticos y económicos. Es una obligación de nuestra misión y función pastoral. Ya el Siervo de Dios, Juan Pablo II, en su histórica visita a nuestro país, decía en el Palacio de Gobierno en 1988: “No se puede arrinconar a la Iglesia en los templos y a Dios en las conciencias.”

En este sentido, “la Iglesia no se cansará de recordar, a tiempo y a destiempo, que los cambios necesarios dependen en última instancia de la transformación de la persona y de todas sus relaciones sociales, y que no se realizan sin la conversión de la mente y del corazón. Esta responsabilidad nos toca a todos, gobernantes, dirigentes políticos y sociales y al pueblo todo.” (“URGE RECONSTRUIR LA MORAL DE NUESTRO PUEBLO”, CEP, julio 2001)


3- CONCLUSIÓN

Encomendamos nuestro servicio y nuestro trabajo de pastores a la oración de toda la Iglesia en el Paraguay. Animamos a los sacerdotes, diáconos, a los religiosos y religiosas para que, con los fieles laicos, no se cansen de seguir en la tarea de ser servidores y constructores de comunión y participación en sus comunidades

Que Dios Padre, en su infinita misericordia, y con la luz y la guía del Espíritu Santo, nos mantenga fieles al servicio del Evangelio de Jesucristo, para ser, en la vida práctica diaria, testigos y animadores de la esperanza en un Nuevo Paraguay.

Confiamos en la protección y la maternal bendición de nuestra Madre, María Santísima, Nuestra Señora de Caacupé, y en la intercesión de Roque González de Santa Cruz, nuestro primer santo paraguayo.-

Asunción, 11 de noviembre de 2005

Firman los Obispos del Paraguay

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ZENIT Staff

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