El primado de Hungría apunta claves para una nueva evangelización (II)

Entrevista con el cardenal Péter Erdő

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ROMA, miércoles, 23 noviembre 2005 (ZENIT.org).- Además de dar pistas para la nueva evangelización en Europa, en la segunda parte de esta entrevista concedida a Zenit el cardenal Péter Erdő –arzobispo de Esztergom-Budapest y primado de Hungría–, a su regreso del Congreso Internacional para la Nueva Evangelización (ICNE) celebrado en Lisboa (5-13 noviembre), desvela cómo se prepara su archidiócesis para acoger la próxima edición de este gran evento misionero.

De 53 años, el purpurado más joven de la Iglesia católica fue elegido el pasado septiembre presidente de la Conferencia Episcopal de Hungría, un país de más de 10 millones de habitantes de los cuales el 63% pertenece a la Iglesia católica, que resurge dieciséis años después de la caída del comunismo. El país pasó a formar parte de la Unión Europea en mayo de 2004.

La primera parte de esta entrevista se puede leer en Zenit, 22 de noviembre de 2005.

–El 5 de noviembre las reliquias de Santa Teresa de Lisieux atravesaron la puerta de la catedral de Lisboa. De humilde dedicación a los demás y abandonada en el Señor, fue declarada por Pío XI «Patrona de las misiones» en 1927. «Santa Teresa –como repetidamente afirmó Juan Pablo II— conoció muchos tipos de pruebas, pero se le concedió permanecer fiel y confiada, y de ello da testimonio» (Cf. Discurso a los peregrinos durante la proclamación de Santa Teresa del Niño Jesús como Doctora
de la Iglesia, 20 de octubre de 1997, n.3). En nuestro contexto humano y cultural obstaculizado por pruebas y dudas Santa Teresa puede efectivamente ser inspiradora para guiar a las nuevas generaciones en la fe y en la vida eclesial (Cf. Ibíd. ). El ejemplo de esta humilde mujer, ¿puede ser aún un estímulo para la santidad y el compromiso al servicio de la comunidad humana?

–Cardenal Péter Erdő: También yo me puse en la fila; fui a tocar el relicario de Santa Teresa de Lisieux. Oré ante su reliquia; oré por todos nosotros en la convicción de que ella es verdaderamente la santa patrona de las misiones que no se desarrollan sólo mediante las actividades y las organizaciones caritativas o el uso de los medios técnicos, sino sobre todo mediante el amor y la oración. Gracias a la oración el hombre que tiene una fe verdadera se convierte en «un centro de fuerza» y esto tendrá ciertamente un efecto misionero. Si uno se deja colmar de las fuerzas de Dios, esta caridad incondicionada se transforma en medio excelente de la misión y de la fuerza salvadora de Dios. Por este motivo Santa Teresa es verdaderamente patrona de las misiones y de nuestra misión cotidiana.

–Juan Pablo II, en la Carta Encíclica «Redemptoris Mater», afirmaba que María «participa maternalmente en aquella dura batalla contra el poder de las tinieblas que se desarrolla a lo largo de toda la historia humana» (Cf. n.47) y es socorredora del «pueblo cristiano en la lucha incesante entre el bien y el mal» (Ibíd. n.52). A María, Madre de la Esperanza, se confía el futuro de Europa (Cf. Exhortación Apostólica de Juan Pablo II «Ecclesia in Europa», n.125). ¿Qué significado ha asumido la peregrinación de los participantes al Santuario de Nuestra Señora de Fátima?

–Cardenal Péter Erdő: En medio del programa, punto focal del Congreso, todos los participantes fueron a Fátima. Se trató de una peregrinación especial en la que pude participar celebrando una Santa Misa y rezando el Rosario. Considero que la devoción a la Virgen, junto a la confianza que tenemos en su intercesión, es para nosotros un gran estímulo y nos hace capaces de creer incluso en circunstancias dificilísimas y aparentemente con poca esperanza. Su intercesión es una garantía de que su Santo Hijo nos escuchará. Según una bellísima tradición portuguesa, cuando queremos pedir algo grande a Jesucristo, por humildad nos dirigimos a la Virgen, conscientes del hecho de que, gracias a Ella, somos más capaces de pedir y de ser escuchados por el Señor. Por lo tanto en esta antigua tradición existe una expresión de humildad, una expresión de intimidad especial: una expresión de gran fe.

–En la Santa Misa celebrada en el monasterio de San Jerónimo –el 8 de noviembre–, durante la homilía usted hizo una referencia puntual a la experiencia histórica de Hungría y de la comunidad católica húngara en un contexto de materialismo ateo. Esta contribución fue muy apreciada por los participantes en el Congreso. Tal vivencia cultural y religiosa, ¿puede ser un instrumento útil para la finalidad de una nueva evangelización en Europa?

–Cardenal Péter Erdő: Durante las largas décadas del comunismo, en la única revista católica húngara, que se llamaba Vigilia, existía una sección con el significativo título «La pequeña vía – El pequeño camino». A ella muchos autores católicos confiaron sus meditaciones siguiendo las huellas de Santa Teresa de Lisieux y aplicando su mensaje a las circunstancias de los católicos de la época comunista. Ellos, en verdad, no podían cambiar las condiciones políticas y sociales de vida, pero daban testimonio de Cristo en sus modestas circunstancias. En toda sociedad de cualquier época existe y existirá siempre esta posibilidad. Se debe tener, por lo tanto, esta «sensibilidad» en nuestro pequeño camino. Considero que este aspecto es necesario también en la misión de hoy.

–Hungría acogerá en 2007 el Congreso para la Nueva Evangelización donde se trazarán los puntos focales de las ediciones precedentes llevando a las calles de Budapest la misión ciudadana. ¿Cómo se está preparando la Iglesia local para tal acontecimiento? La pastoral juvenil, en particular, ¿cómo intenta involucrar a los jóvenes en el anuncio del Evangelio?

–Cardenal Péter Erdő: Ante todo deseo decir que, como en Viena y París, también en Lisboa una delegación húngara bastante numerosa de laicos y laicas, junto a unos quince sacerdotes, ha participado activamente en el Congreso. Este considerable grupo ha estudiado las distintas formas de la misión ciudadana en las tres ciudades. Se han recogido muchas experiencias y ya hemos encargado a una persona la coordinación de toda la preparación de nuestro Congreso de 2007.

Espero que también con la ayuda de las parroquias, que ya han sido involucradas, se pueda ir hacia una verdadera renovación de la vida religiosa. Las parroquias ya desde hace dos años están comprometidas en la llamada misión parroquial, la cual retoma de forma moderna la tradición de las antiguas misiones populares que estaban prohibidas durante el comunismo. Hemos visto a la entrada de muchas iglesias las cruces de las misiones con las fechas respectivas hasta 1949. Desde 2003 podemos escribir nuevas fechas sobre estas cruces.

En Budapest hemos visto que ante todo hay que profundizar en la fe, en la espiritualidad y en la conciencia misionera de aquellos que ya están comprometidos en la parroquia, esto es, sacerdotes, religiosos, catequistas y laicos que se dedican plenamente a la labor parroquial. Después, en un segundo momento, se debe tomar contacto con toda la comunidad parroquial incluso de forma litúrgica. Las grandes celebraciones litúrgicas ofrecen también la posibilidad de acercarse al sacramento de la Penitencia. Como tercer momento está una apertura gradual al mundo. Esta apertura al mundo no se refiere sólo al ambiente próximo a nosotros, a nuestra ciudad, al barrio donde vivimos y donde muchos no creen y no conocen el mensaje de Cristo o aún no han sido bautizados, sino que quiere ser una mirada sobre todo el mundo, sobre los continentes más lejanos, mediante los testimonios de aquellas personas –sacerdotes, religiosos, misioneros y laicos– que han vivido en esas partes del mundo.

Un modo de tomar contacto con la comunidad local puede venirnos del arte, de la música, de la misión por las calles. Hay muchos medios para hacer esto. También los
medios de comunicación locales nos han dado forma de expresarnos ofreciéndonos una sección, una posibilidad, una media hora entre sus programas para tener un contacto más directo con todo el público local. Después de todas estas experiencias realizadas en las misiones de las parroquias de Budapest hemos podido reunir muchos conocimientos y muchas acciones programáticas que han resultado particularmente eficaces y fructíferas. Esperamos que sobre la base de toda esta experiencia y con la gracia de Dios podamos organizar bien la misión en nuestra ciudad.

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ZENIT Staff

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