Los obispos australianos comentan ocho áreas clave ante las elecciones

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Vida, familia, aborígenes, educación, salud, medio ambiente, inmigrantes y paz

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MELBOURNE, martes, 30 octubre 2007 (ZENIT.org).- Los obispos de Australia animan a los ciudadanos a tomar la iniciativa ante las urnas y «responder al test de buena conducta» sobre sus propios intereses.

Los prelados urgen a los católicos «a tomar en serio sus libertades democráticas e implicarse en el proceso político», en un momento en que el país se prepara para las elecciones al Parlamento federal el próximo 24 de noviembre.

La declaración de los obispos australianos, hecha pública la semana pasada, llamó la atención sobre ocho áreas clave a considerar por los votantes: vida, familia, poblaciones autóctonas, educación, salud, medio ambiente, inmigración y refugiados, y paz.

«El respeto a la vida y el fomento de la inherente dignidad de la persona está en la base de lo que es ser humano –escriben–. Toda vida humana debe ser respetada, especialmente las más vulnerables, incluyendo los no nacidos, los enfermos y los mayores, las personas con minusvalía, y las comunidades azotadas por la pobreza, abusos, hambre o guerra».

Los obispos afirman que saludan «el creciente consenso acerca de que el aborto es profundamente perturbador», y mencionan que «el respeto a la vida humana también requiere vigilancia constante para asegurar que la eutanasia y el suicidio asistido no sean nunca legalizados en Australia».

«Los más profundos interrogantes surgen ante la creación y la destrucción deliberada de embriones humanos para la investigación sobre células madre. La Iglesia Católica no se opone a la investigación sobre células estaminales. Por el contrario, apoyamos con decisión la investigación basada en células madre obtenidas de adultos, así como las extraídas del cordón umbilical. La Iglesia apoya la investigación sobre células estaminales a través de sus mismos institutos de investigación, servicios de salud, hospitales clínicos y profesionales de la salud», añaden.

En relación a los derechos de la familia, los obispos escriben: «En un momento en que la vida de la familia es objeto de una presión sin precedentes, la familias deben ser apoyadas en todos los modos posibles. Debe haber reconocimiento legal para la naturaleza única del matrimonio entre un hombre y una mujer, y protección adecuada a los derechos de los niños. Las facilidades fiscales y las redes de servicios sociales de apoyo deberían ser el objetivo para reforzar a las familias y reducir la presión sobre ellas».

Los obispos afirman que las poblaciones autóctonas deberían estar adecuadamente representadas en el proceso de gobierno «de manera que los primeros pueblos de Australia puedan ser oídos en sus esperanzas y aspiraciones, perseguidas como una prioridad nacional».

Haciendo hincapié en el papel de la Iglesia en la educación de los australianos, explican los obispos que «los modelos de financiación deben ser legales, abiertos y transparentes, que reflejen con cuidado las aportaciones de la Commonwealth, estados, aportaciones de los padres y privadas. No debería haber obstáculos a la educación por una incapacidad para pagar».

De modo semejante, los obispos insisten en que cada persona tiene derecho a recibir cuidados de salud. «Es necesaria una reforma significativa para asegurar que los cabeza de familia mantienen su capacidad de obtener cuidados sanitarios básicos. Sin tal reforma, que implique tanto a la Commonwealth como a los estados, el Medicare (Servicio público de salud) no podrá seguir manteniéndose mediante el fuerte aumento del cobro a los usuarios y de las tarifas».

Los obispos hacen referencia a la sequía que sigue siendo una plaga para Australia y piden políticas gubernamentales para salvaguardar las reservas de agua.

Respecto a los inmigrantes y refugiados, dicen los obispos, «creemos que todos los solicitantes de asilo, independientemente de cómo llegan a Australia, deberían ver tramitada su solicitud en Australia, según la convención internacional. Las peticiones deberían ser tramitadas lo más rápidamente posible, asegurando que las personas no pasen en centros de detención prolongados periodos. Las personas que resultan ser en verdad refugiadas deberían recibir visados permanentes que les permitan el acceso a los servicios públicos y al empleo, dándoles la seguridad que necesitan para construir una nueva vida en Australia».

Finalmente, los prelados australianos urgen a la paz mundial, indicando que «no es el estilo de Dios oponerse a la violencia con mayor violencia […] Apoyamos los esfuerzos para construir una cultura de paz, promoviendo políticas de ayuda exterior que proporcionen el acceso a una adecuada alimentación, salud, vivienda y educación».

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ZENIT Staff

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