El compromiso de la diplomacia y la religión

Un informe llama la atención sobre la dimensión religiosa de la política

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Por el padre John Flynn, L. C.

ROMA, domingo 7 de marzo de 2010 (ZENIT.org). – En los últimos años, la religión ha llegado a ser considerada un problema o una amenaza para la seguridad nacional o internacional. Una estrategia para oponerse al extremismo religioso ha sido intentar reducir la fe a la esfera puramente privada. Esto es un gran error, según un informe hecho público el 23 de febrero por el Chicago Council on Global Affairs.

El informe, Engaging Religious Communities Abroad: A New Imperative for U.S. Foreign Policy (“Comprometerse con las Comunidades Religiosas en el Extranjero: un Nuevo Imperativo para la Política Exterior de Estados Unidos”) tiene como autores a un grupo de 32 expertos, que van desde antiguos funcionarios del gobierno, a líderes religiosos, presidentes de organizaciones internacionales y eruditos.

Actualmente, sostenían los autores del informe, el gobierno de Estados Unidos no tiene la capacidad de entender completamente y de contactar de modo eficaz con las comunidades religiosas. Ha habido avances en los últimos años en el reconocimiento del papel que juega la religión en los asuntos mundiales, pero este proceso está lejos de haberse completado.

Para bien o para mal, la religión juega cada vez más un influyente papel en la política, observaba el informe. La tendencia hacia la globalización junto a las nuevas tecnologías mediáticas han facilitado la difusión de los puntos de vista extremistas. Esto no acaba de ocurrir, observaba el informe, y animaba al gobierno de Estados Unidos no sólo a mejorar su conocimiento de las comunidades y tendencias religiosas, sino también a desarrollar mejores políticas para entrar en contacto con los creyentes.

Es importante darse cuenta, comentaba el informe, que la religión no es una especie de experiencia humana secundaria sin relación alguna con los desarrollos políticos y que, por tanto, podamos ignorar. “La religión – a través de sus ideas motivadoras y el poder movilizador de sus instituciones – conduce la política por derecho propio”, indicaba el informe.

También advertía contra una visión de la religión sólo a través del foco del terrorismo, que llevaría a pasar por alto el papel positivo de la religión al tratar los problemas globales y promover la paz.

Es también ir más allá del mundo musulmán y tener en cuenta otras comunidades religiosas, observaba el informe.

Global

Aunque, cuando se trata de interacción entre religión y política, suele centrarse la atención en Oriente Medio, el informe señalaba que la religión es un factor a tener en cuenta en muchos otros países.

China, por ejemplo, tiene nuevos movimientos religiosos autóctonos, como Falun Gong, así como un sector en rápido crecimiento de iglesias cristianas y comunidades musulmanas legales y clandestinas.

Los monjes budistas han justificado, e incluso promovido, el conflicto contra los tamiles en Sri Lanka, al igual que han marchado contra el régimen represivo de Birmania. Existen tensiones entre cristianos y musulmanes en Nigeria, e Indonesia, pero también en ciudades europeas como Londres, Ámsterdam y París.

En la India, los debates políticos suelen estar influidos por las visiones diversas del hinduismo y la correspondiente relación de los hindúes con otras comunidades étnicas y religiosas.

El aumento del Pentecostalismo en América latina y de iglesias cristianas y predicadores en África y en Asica son otros importantes desarrollos religiosos que demandan atención, añadía el informe.

Y aunque la religión ha fomentado conflictos sangrientos en países como Bosnia y Sudán, también ha promovido la paz y el perdón en Sudáfrica e Irlanda del Norte. Junto a los extremistas religiosos hay otras figuras como el Papa Juan Pablo II y el Dalai Lama, observaba el informe.

“Los muchos ejemplos de aportaciones religiosas a la democratización y de líderes religiosos que ayudan a proporcionar ayuda exterior, poner en ejecución programas de desarrollo, y construir la paz son emblemáticos de cómo la religión puede jugar un papel positivo en cualquier parte del mundo”, afirmaba el grupo de trabajo.

Patrones

Los miembros del grupo de trabajo identificaron seis patrones principales en el papel que la religión juega en los asuntos internacionales.

1. La influencia de los grupos religiosos – algunos antiguos y otros nuevos – está aumentando en muchas zonas del mundo y afecta prácticamente a todos los sectores de la sociedad.

2. Los cambiantes caracteres de identificación religiosa en el mundo tienen significativas implicaciones políticas.

3. La religión se ha beneficiado y se ha transformado por la globalización, pero también ha llegado a ser uno de los medios primarios para organizar la oposición a la misma.

4. La religión juega un importante papel público en aquellos lugares en los que los gobiernos carecen de capacidad y legitimidad en momentos de tensión económica y política.

5. La religión suele ser usada por los extremistas como un catalizador de conflictos y un medio para aumentar las tensiones con otras comunidades religiosas.

6. La creciente relevancia de la religión hoy ha ahondado el significado político de la libertad religiosa como derecho humano universal y fuente de estabilidad social y política.

En términos más concretos el informe señalaba el hecho de que estas tendencias pueden presentar desafíos a la hora de tomar decisiones políticas. Por ejemplo, aunque Estados Unidos apoya la difusión de la democracia, en algunos países la introducción de elecciones populares podría dar un mayor poder a los extremistas religiosos que suelen tener puntos de vista anti norteamericanos. Por ello, según el grupo de trabajo, debe haber una conciliación entre la promoción de los derechos humanos y la democracia y la protección de los intereses nacionales.

El informe precisaba también que es necesario que la promoción de la libertad religiosa, como parte de la política exterior de Estados Unidos, se lleve a cabo de forma que no sea vista como una especie desafío de la sociedad occidental a las religiones y costumbres locales.

Recomendaciones

Al tratar el papel de la religión en los asuntos públicos, el informe sostenía que la mejor forma de hacer frente al extremismo es a través de un mayor compromiso con la religión y las comunidades religiosas.

Esto significa escuchar atentamente las preocupaciones y miedos que tienen y, luego, entablar un sustancioso diálogo con ellas. Es importante, al mismo tiempo, no ir más allá de este diálogo interviniendo en disputas teológicas o intentando manipular la religión, advertía el grupo de trabajo.

El informe reconocía que una de las cosas más importantes que deben hacer los Estados Unidos es aprender a comunicarse de modo eficaz. Por ello, además de escuchar aquello que las comunidades religiosas tienen que decir, es necesario que el gobierno sea más eficaz a la hora de presentar los puntos de vista de Norteamérica. También es vital tener en mente que las acciones hablan más alto que las palabras, por lo que las políticas del gobierno deben respaldar su estrategia mediática, añadía el informe.

Entre las medidas propuestas en el informe está la necesidad de dar una formación comprensiva a los diplomáticos, personal militar y otros funcionarios sobre el papel de la religión en los asuntos internacionales.

El informe también recomendaba que Estados Unidos siguiera promoviendo la libertad religiosa. “La limitaciones impuestas a la libertad religiosa debilitan la democracia y la sociedad civil, envenenan el discurso político, y fomentan el extremismo”, comentaba el grupo de trabajo.

Sana cooperación

El papel de la religión en la política ha sido el tema tratado por Benedicto XVI en su discurs
o a los miembros del cuerpo diplomático el 11 de enero.

“Lamentablemente, en ciertos países, sobre todo occidentales, se difunde en ámbitos políticos y culturales, así como en los medios de comunicación social, un sentimiento de escasa consideración y a veces de hostilidad, por no decir de menosprecio, hacia la religión, en particular la religión cristiana”, comentaba.

Haciéndose eco de los puntos de vista expresados en el informe del Chicago Council, el Pontífice afirmaba que: “Es evidente que si se considera el relativismo como un elemento constitutivo esencial de la democracia se corre el riesgo de concebir la laicidad sólo en términos de exclusión o, más exactamente, de rechazo de la importancia social del hecho religioso”.

Tal postura, no obstante, sólo crea confrontación y división, apuntaba el Papa. “Es urgente, por tanto, definir una laicidad positiva, abierta, y que, fundada en una justa autonomía del orden temporal y del orden espiritual, favorezca una sana colaboración y un espíritu de responsabilidad compartida”. Una colaboración que beneficiará mucho los esfuerzos por promover la paz en el mundo.

[Traducción del inglés por Justo Amado] 

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ZENIT Staff

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