El turismo puede promover la paz; según Juan Pablo II

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En el mensaje para la jornada mundial del 27 de septiembre

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 25 junio 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II está convencido de que el turismo puede convertirse en un vehículo eficaz de la paz, pues la violencia tiene por raíz la incomprensión o el rechazo de culturas ajenas.

Así lo constata en el mensaje que ha escrito con motivo de la Jornada Mundial del Turismo que se celebrará el 27 de septiembre de 2004 con el lema «Deporte y turismo: dos fuerzas vitales para la comprensión mutua, la cultura y el desarrollo de los países».

El turismo, constata, «contribuye a incrementar la relación entre personas y pueblos, que, cuando es cordial, respetuosa y solidaria, es como una puerta abierta a la paz y la convivencia».

«En efecto –añade–, muchas de las situaciones de violencia que sufre la humanidad en nuestros tiempos tienen su raíz en la incomprensión, e incluso en el rechazo de los valores y la identidad de las culturas ajenas».

«Por eso, podrían superarse tantas veces mediante un mejor conocimiento recíproco», reconoce el mensaje pontificio que fue presentado este viernes a la prensa por el cardenal japonés Stephen Fumio Hamao, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes.

Esta labor de promoción de la paz a través del entendimiento entre culturas, sigue aclarando, puede ser también realizada por los «millones de emigrantes, que han de participar en la sociedad que los acoge basándose sobre todo en el aprecio y reconocimiento de la identidad de cada persona o grupo».

«La Jornada Mundial del Turismo, por tanto, no sólo ofrece de nuevo la oportunidad de afirmar la aportación positiva del turismo a la construcción de un mundo más justo y pacífico, sino también de profundizar en las condiciones concretas en que se gestiona y practica», propone.

El «principio supremo» que debe regir la gestión turística, concluye, es «el respeto a la dignidad de cada uno, creado a imagen de Dios y, por tanto, hermano de todos los demás».

Cuando el turismo viola este principio, base de la ética, por el contrario, se convierte en promotor de profundos sufrimientos, reconoció en la rueda de prensa el cardenal Stephen Fumio Hamao.

Por este motivo, añadió, la Iglesia tiene el deber de «proclamar y llevar la salvación de Cristo en este mundo dinámico de la actividad turística».

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ZENIT Staff

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