Intervenciones de los auditores en el Sínodo en la tarde del 12 de octubre

ROMA, viernes, 14 octubre 2005 (ZENIT.org).- Publicamos el resumen de las intervenciones de los padres sinodales en la decimosexta congregación general del Sínodo de Obispos sobre la Eucaristía celebrada en la tarde del miércoles, 12 de octubre.

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Previamente leyó en latín la relación general después de la discusión el cardenal Angelo Scola, patriarca de Venecia.

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– Revda. Hna. Maria Regina CESARATO, Superiora General de las Pías Discípulas del Divino Maestro (ITALIA)
– Sra. Bruna TOMASI, Miembro de la Dirección del Movimiento de los Focolares (ITALIA)
– Sr. Leonardo CASCO, Presidente de la «Alianza para la Familia»; Miembro del Pontificio Consejo para la Familia (HONDURAS)
– Sra. Martha Lorena ALVARADO de CASCO, Presidente del «Comité por la Vida»; Miembro del Pontificio Consejo para la Familia (HONDURAS)
– Sr. Carl Albert ANDERSON, Caballero Supremo de la Orden de los Caballeros de Colón (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
– Revdo. Mons. Peter John ELLIOTT, Director del Instituto Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia en Melbourne. Miembro del Consejo Internacional para la Catequesis (AUSTRALIA)
– Revda. Hna. Yvonne COLY, Formadora del Centro «Mater Christi» de Bobo-Dioulasso (SENEGAL)
– Sr. Luis Fernando FIGARI, Fundador del Sodalitium Vitae Christianae (PERÚ)
– Rev. P. Athanasius SCHNEIDER. O.R.S., Padre Espiritual y Director de Estudios del Seminario Mayor de Karaganda. Secretario de la Comisión litúrgica de la Conferencia Episcopal (KAZAJISTÁN)
– Hno. Marc HAYET, Responsable General de los Pequeños Hermanos de Jesùs (FRANCIA)
– Revda. Hna. Rita BURLEY, A.C.I., Superiora General de las Siervas del Sacrado Corazón de Jesùs (GRAN BRETAÑA)
– Revdo. Ignacio GRAMSCH LABRA, Vicario Paroquial de San Luís Beltrán de Pudahuel, Santiago de Chile. Asesor Arquidiocesano de la Pastoral de los Acólitos (CHILE)
– Sr. Andrea RICCARDI, Fondatore della Comunità di Sant’Egidio (ITALIA)
– Revda. Hna. Hermenegild MAKORO, C.P.S., de las Hermanas Misioneras de la Preciosísima Sangre; Animación Pastoral d Comunidades cristianas (SUDÁFRICA)
– Sr. Zbigniew NOSOWSKI, Director del mensual católico «Więź», Varsavia; Miembro del Consejo Nacional de los Laicos en Polonia (POLONIA)
– Sra. Marie-Hélène MATHIEU, Coordinadora internacional del Movimiento «Foi et Lumière» (FRANCIA)
– Sr. Alexei V. JUDIN, Profesor de Historia de la Iglesia y del Diálogo interconfesional en la Federación Rusa, Russian State University for the Humanities, St. Thomas College (Moscow) (FEDERACIÓN RUSA)
– Sr. Francisco José GÓMEZ ARGÜELLO WIRTZ, Co-Fundador del Camino Neo-Catecumenal (ESPAÑA)
– Revda. Hna. Margaret WONG, F.d.C.C., Congregación de las Hijas de la Caridad Canosianas; Promotora de los Centros de Adoración Eucarística (Hong Kong)

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– Revda. Hna. Maria Regina CESARATO, Superiora General de las Pías Discípulas del Divino Maestro (ITALIA)

Agradezco de corazón por haber recibido el don de participar a esta Asamblea Sinodal que me ofrece la oportunidad de vibrar apostólicamente con la Iglesia peregrina en cada lugar la tierra y compartir los dolores y las esperanzas.
Pertenezco a la Congregación de las Pías Discípulas del Divino Maestro, una de las 10 Instituciones que forman la Familia Paulina, fundada por el Beato Giacomo Alberione. El tema del Sínodo, explicitado en el “Instrumentum laboris”, nos confirma en nuestra identidad eclesial. Además, nuestra experiencia apostólica, especialmente en el sector de la pastoral litúrgica y del arte al servicio de la Liturgia, pone en evidencia la necesidad de continuar sirviendo al pueblo de Dios, dando una contribución a su formación, para que alcance una plena y fructuosa participación en los divinos misterios y para que pueda orar en la belleza. Esto tendrá como consecuencia la formación gradual de la “cultura de la Eucaristía” de la que se habla en el Nº 78 del “Instrumentum laboris” y que coincide con la “cultura de la vida”. Esta necesidad formativa de una liturgia que transforme la existencia humana y que le haga alcanzar su plena realización, la vemos también en el servicio a la persona de los sacerdotes, especialmente cuando se encuentran en situación de enfermedad o en especiales dificultades en su ministerio. Entonces experimentamos, como mujeres consagradas, la importancia de que en la Iglesia se tenga presente y se valorice el “principio mariano”, por el cual María es “mujer eucarística”, junto al “principio petrino”.
El B.G. Alberione que tal vez es más conocido como el Apóstol de las comunicaciones sociales, ha sido un hombre de Dios profundamente radicado en el Misterio Eucarístico: celebrado, adorado, vivido y fuente continua de creatividad apostólica, para el bien de la Iglesia. La experiencia eucarística determinante se remonta a la noche de pasaje entre los dos siglos, del 1800 al 1900, cuando durante la prolongada adoración, después de la S. Misa de medianoche, Giacomo Alberione, entonces seminarista de 16 años, se sintió iluminado por el Señor con respecto a la situación de la humanidad y percibió con fuerza, la urgencia de poner la propia vida al servicio del Evangelio, valorando los medios más rápidos y eficaces. Fue comprendiendo cada vez mejor, que esto no podía producir frutos, según Dios, si no hubiese tenido como fundamento una intensa vida de oración. Por ello nuestra Congregación es como la memoria permanente de que “la Eucaristía es la fuente y la cumbre” de toda la vida de la Iglesia y por lo tanto del apostolado que se cumple en la Familia Paulina.
En nuestra vida cotidiana, que trata de conjugar la contemplación con el compromiso apostólico, la fuente de todo es la Celebración de la santa Eucaristía. Ésta se prolonga en la Adoración Eucarística perpetua por turnos, día y noche, y es vivida como oración apostólica y además como experiencia mistagógica. Vivimos este ministerio de alabanza y de intercesión, como una forma de solidaridad que nos une a las diversas situaciones de la Iglesia y de la humanidad. En este espíritu, como se hace también en otras iglesias del mundo, desde el 2 de diciembre de 1981, aseguramos cotidianamente nuestra presencia para la adoración eucarística en la capilla del Santísimo de la basílica Vaticana, según las intenciones del Santo Padre que preside todas las iglesias en la caridad . Gracias.

[Texto original: español]

– Sra. Bruna TOMASI, Miembro de la Dirección del Movimiento de los Focolares (ITALIA)

Desde los comienzos del Movimiento, Dios nos ha concentrado en torno al testamento de Jesús: “que todos sean uno” (Jn 17,21). Desde entonces nos pareció que esta era nuestra Carta Magna.
Y entendimos inmediatamente que la unidad está ligada a la Eucaristía: ¡Jesús antes de pedir al padre la unidad entre los suyos, instituyó la Eucaristía, el Sacramento de la unidad!
Por este motivo nos hemos sentido impulsadas desde el primer momento a recibir la Eucaristía todos los días, seguras de que era el Espíritu Santo el que nos estimulaba a ello.
Y es por este motivo la participación activa en la celebración eucarística es una sola cosa con la espiritualidad del Movimiento.
La Santa Misa es el momento más importante de la jornada de los focolarinos Y para ese momento nos preparamos tratando de que entre nosotros, y los hermanos y las hermanas que Dios pone a nuestro lado, exista sólo la caridad: que no haya sombras en nuestras relaciones, que nada empañe la divina luz de la Eucaristía. ¿El Evangelio, por otra parte, no dice: “Si pues al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda”.(Mt 5,23-24)»?
Hemos tenido claro que era necesario tener entre nosotros ese corazón nuevo que es fruto de la Eucaristía, pero que es también la condición ineludible para que la Eucaristía dé sus frutos..
El primero de todos, la transformación en Cristo.
Y hechos Cristo por la Eucaristía, hemos experimentado, y seguimos experimentando, que podemos llevar a cabo, de
manera cada vez más plena, esa unidad con los hermanos y con las hermanas, que, por otra parte, y como base de nuestra vida, nos permitía liberar en nosotros toda la divina fuerza de la Eucaristía.
Y aquí hemos entendido una cosa. Cristo resucitado está en el seno del Padre: la Iglesia, su Cuerpo por la Eucaristía, está, de alguna manera y desde aquí abajo, también en el seno del Padre.
Nuestra vida se nos presentó, entonces, como el camino hacia la realización de una realidad que ya nos ha sido donada y en la cual debemos esforzarnos por permanecer. La Eucaristía nos conducía allí. La Eucaristía allí nos guardaba.
En el breve espacio que me es concedido quisiera subrayar un aspecto particular.
El hombre en Cristo es conducido en su integridad de alma y cuerpo al seno del Padre. Y es allí donde toda la realidad creada espera ser conducida, como nos dice san Pablo (Rm 8,22).
Nos hemos preguntado entonces (y todavía seguimos preguntándonos):¿ no podremos pensar que nuestros cuerpos, nutridos durante mucho tiempo por la Eucaristía, depuesto
por la muerte en el seno de la tierra, puedan ser semillas para la transformación del universo? ¿Ser, nosotros, eucaristía de la tierra? La tierra nos consume, como nosotros consumimos la Eucaristía, pero para transformarse en nosotros, si así se puede decir, como nosotros nos hemos transformado en Cristo.
Acogiendo nuestros cuerpos nutridos de Eucaristía,¿ podemos pensar que la tierra está preparada para la transformación a la que está llamada por Dios?
La Eucaristía, transformación de la muerte en vida, es vida para todo el universo. Si esto es verdad, entonces mucho más podemos decir – y así lo experimentamos- que la Eucaristía se revela como el instrumento por excelencia (se me permita la palabra) que puede obrar la cristificación plena de todas las actividades del hombre.

[Texto original: italiano]

– Sr. Leonardo CASCO, Presidente de la «Alianza para la Familia»; Miembro del Pontificio Consejo para la Familia (HONDURAS)

Resulta completamente válido que en las intervenciones de los Padres Sinodales que he escuchado durante estos días en relación a diversos numerales del Instrumentum Laboris, se hayan referido mayormente a la acción y participación del Sacerdote en la liturgia y en la celebración eucarística. Pero es mi parecer, que debería hacerse igualmente énfasis en el hecho que el fiel laico de comienzos del Siglo XXI no es consciente de haber sido elevado a la dignidad incomparable de hijo de Dios y de pertenecer a ese Pueblo Santo que es la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, ignorando, por consiguiente, en la mayoría de los casos, su vocación única e insustituible a la santidad, todo lo cual lo hace incapaz, entre otros aspectos, para dar un verdadero testimonio cristiano en los diversos ámbitos de su existencia en el mundo, para mantener una unidad de vida en los ámbitos familiar, laboral, social y politico, y para percibir la presencia viva, real y personal de Cristo en el Sacramento de la Eucaristia.
En base a lo anterior y con el debido respeto, deseo hacer mención de lo siguiente, a saber:
PRIMERO: Dado que la realidad nos indica que un enorme contingente de católicos que viven en el mundo actualmente no conocen a cabalidad los principios doctrinales de la fe que profesan, viviendo lo que podria denominarse un catolicismo «light» (para utilizar un término de moda), pareciera entonces imprescindible e impostergable encontrar, 40 años después de la conclusión del Concilio Vaticano II, una nueva formulación catequética dentro y fuera de la Eucaristia, que sirva para explicitar a los fieles laicos los fundamentos básicos de nuestra religión, sus dogmas de fe, su teología moral, etc., de manera que ello conduzca a que todo fiel católico encuentre la justificación del sentido de vivir una vida coherentemente cristiana; en fin, una fórmula que devuelva al fiel laico una formación básica doctrinal, ética y moral, así como la conciencia de la importancia de pertenecer a la única Iglesia de Cristo y el orgullo bueno de ser católico.
SEGUNDO: En esta línea considero igualmente necesario, que los Obispos y Sacerdotes no tengan reparo en proponer con alegria y seguridad al fiel laico, una vida de fe exigente y sólida, la cual ha sido la de siempre y para todos dentro de la historia de nuestra Iglesia. Me refiero no solamente a insistir en la asistencia a la Misa Dominical, sino también en recomendar prácticas diarias de piedad que vayan desde el ofrecimiento de obras en la mañana y el rezo del Angelus y del Santo Rosario, hasta porque no, la misa diaria cuando sea posible. En base a mi experiencia personal, puedo señalar que cuando estas practicas de piedad se explican y se proponen permanentemente sin descanso y sin cansancio, los frutos se cosechan casi de inmediato, conduciendo al fiel laico a vivir en una atmósfera de fe que los mejora tanto en su vida personal como en la sobrenatural. De esta manera, el bautizado podrá estar mejor preparado para dar un verdadero testimonio cristiano en el mundo actual secularizado y agobiante.
En resumen, mi intervención se concreta en solicitar se inyecte con un renovado entusiasmo en los fieles laicos de hoy, el espiritu exigente de los cristianos de los primeros tiempos, es decir, el recurso a la oración y a la mortificación, las prácticas diarias de unas normas básicas de piedad y el deber y derecho que tenemos todos los fieles al apostolado.

[Texto original: español]
– Sra. Martha Lorena ALVARADO de CASCO, Presidente del «Comité por la Vida»;Miembro del Pontificio Consejo para la Familia (HONDURAS)

Como esposa, madre, hermana, hija y abuela, pienso que hace falta una formación de la mujer que desde su primera infancia la disponga al desarrollo de sus dos características esenciales: su feminidad y el don de la maternidad.
La mujer es la educadora natural de la fe en la familia, la mano que con mas sencillez y seguridad nos lleva a situarnos frente a Jesús Eucaristía. Tristemente en las últimas décadas, la mujer ha ido perdiendo el verdadero significado de su identidad, por lo tanto, del genuino sentido de su misión cristiana. Evidentemente, son muchos los factores que han influido en este cambio de mentalidad, pero lo cierto es que el mismo se refleja gravemente no sólo en la vida familiar y social de nuestros países, sino también dentro del seno mismo de la Iglesia.
Hay mucho que hacer en el tema de la mujer; no obstante, con todo respeto propongo:
1°) En la medida de lo posible, se mantenga la educación separada de niños y niñas, esto con el fin de crear el ambiente propicio para formar a las jóvenes a imagen de la Virgen María, modelo de toda mujer. Estudios realizados demuestran que la educación separada de niños y niñas facilita, entre otros, el proceso educativo y el desarrollo de una sana afectividad, especialmente en los años de la adolescencia. Si consideramos el incremento de la promiscuidad sexual, el creciente numero de embarazos en adolescentes y las cifras escalofriantes del aborto, podemos concluir que es urgente hacer un esfuerzo para ofrecer a las jóvenes las condiciones idóneas para que adquieran una sólida formación cristiana. La educación separada facilita, ademas, el surgimiento de vocaciones a la vida religiosa. Consecuentemente en los varones la de vocaciones sacerdotales.
2°) Quisiera también llevar a su consideración, se insista en la conformación de grupos juveniles dirigidos específicamente a muchachas con el fin de fortalecer su condición femenina y su formación espiritual y doctrinal. No pocas veces he observado una excesiva familiaridad entre los jóvenes de diferentes sexos en grupos juveniles católicos, incluso dentro de la celebración de la Santa Misa. Quizá la conformación de grupos mixtos no debería ser siempre la norma para trabajar con los jóvenes, puesto que de alguna manera esta situación puede ser un obstáculo para el surgimiento de vocaciones al sacerdocio y a la vida religi
osa.
3°) En relación al No. 34 del Instrumentum Laboris, me parece oportuno definir normas específicas en el modo de vestir de la mujer cuando asiste a la Iglesia o a otros actos religiosos. En mi país, por ejemplo, se observa cada vez mas un grave descuido en el tema del pudor y la Iglesia debe ayudar a la mujer a tomar conciencia del valor de su dignidad y de la santidad de su cuerpo.
Finalmente, pienso que podría ser una linda experiencia, el promover en las parroquias la adoración a Jesús Sacramentado por familias en días determinados de la semana. Igualmente comparto, tal y como se ha manifestado a lo largo de varias intervenciones, la importancia de facilitar la confesión a los fieles laicos, siendo conveniente por muchas razones, el uso del confesionario cuando se trate de mujeres de cualquier edad.

[Texto original: español]

– Sr. Carl Albert ANDERSON, Caballero Supremo de la Orden de los Caballeros de Colón (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)

Mis observaciones hacen referencia al nº 37 del Instrumentum Laboris que trata sobre el Santo Sacrificio de la Misa. En su reciente alocución en el Congreso Eucarístico de la Diócesis de Roma, el Santo Padre nos ha recordado que “el hombre ha sido creado a imagen de Dios, y Dios mismo es amor. Por eso la vocación al amor es lo que hace del hombre la auténtica imagen de Dios” (6 de junio de 2005).
Esta llamada a la vocación del amor es la base antropológica de las enseñanzas del Papa Juan Pablo II sobre la dignidad de la persona humana, el matrimonio y la familia (Familiaris consortio, nº 11). Tal vez sólo esta “antropología del amor” es suficientemente fuerte para vencer el nihilismo de la cultura contemporánea, es decir, una cultura que ha roto el nexo entre libertad y verdad.
Hace siglos, Cartesio intentó superar el relativismo filosófico con la afirmación: “Pienso, luego existo”. Quizás, el relativismo hoy puede ser vencido con una sencilla y aún más profunda intuición: “Amo, luego existo”. O, todavía mejor: “He sido amado, luego existo”.
En nuestra época, sólo a través de la verdad del amor se puede entender de nuevo la verdad de la libertad y la libertad puede estar unida a la verdad.
Cada persona está en busca de un amor verdadero. Y en esta busca del amor verdadero, cada uno en su corazón, hombre o mujer, puede comprender si el amor es verdadero, y en esta verdad puede entender una verdad fundamental de la persona humana.
Pero en una cultura basada en el materialismo, en la secularización y el relativismo, ¿dónde se puede encontrar la realidad del verdadero amor? En nuestra cultura occidental, cada vez más posmoderna, el razonamiento filosófico tiene cada vez menos la capacidad de persuasión. Todos están todavía en busca del amor, desde el momento en que la vocación al amor está inscrita en el corazón de cada persona.
Sabemos que el amor que estamos buscando está cada día a disposición en el sacrificio vivo de sí mismo que Nuestro Señor hace cuando está presente en la Eucaristía.
La Gaudium et spes nos dice que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (nº 22). Y entonces, ¿no es también posible que en nuestro tiempo, a través del misterio del Santo Sacrificio que el Señor hace de sí mismo, se revele la identidad del hombre, su valor, su dignidad, su verdadera vocación y la profunda verdad de su existencia?
Por eso, la eclesiología Eucarística y la comunidad Eucarística, que han sido recordadas tan a menudo durante este encuentro, presuponen una antropología Eucarística. A través de la exploración de la visión Eucarística de la persona humana -centrada en el sacrificio de amor de nuestro Señor en la Misa- podemos encontrar un nuevo Catequismo de la Eucaristía que, al mismo tiempo, hará posible un nuevo don evangélico: al unirse el hombre más íntimamente a Nuestro Señor en la Eucaristía, se unirá más íntimamente el hombre a la más profunda realidad de sí mismo.

[Texto original: inglés]

– Revdo. Mons. Peter John ELLIOTT, Director del Instituto Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia en Melbourne. Miembro del Consejo Internacional para la Catequesis (AUSTRALIA)

Me voy a referir a los nºs 43 y 52 del Instrumentum laboris, dedicados al ars celebrandi y a la espiritualidad eucarística de los sacerdotes. Actualmente el Rito Romano adolece de la preparación prescrita y del acercamiento gradual a la celebración Eucarística que se encuentra en los Ritos Orientales. Por lo tanto, quisiera proponerles algunas sugerencias prácticas: que las oraciones prescritas para el momento de ponerse las vestiduras, sean dichas en la sacristía antes de todas las Misas, comprendidas las concelebraciones; que los Dicasterios competentes de la Curia Romana preparen un “Vademecum Eucarístico” para los sacerdotes, incluyendo las oraciones para la preparación y la acción de gracias y para la adoración eucarística; que todas las ediciones de la Liturgia de las Horas incluyan las oraciones de preparación y de acción de gracias para la Misa. Durante la Misa, la oración del celebrante debería estimular la observación de las rúbricas por parte de los fieles, por ejemplo, a través del uso atento de la voz y dedicándose, sin prisas, a consagrar las Sagradas Especies y a elevar la hostia y el cáliz. Las rúbricas deben interpretarse como una guía para la oración. Con referencia al n. 66 del Instrumentum laboris, los Obispos de los Estados Unidos y también las Conferencias Episcopales o los Ordinarios, podrían publicar adaptaciones de la Devoción de las Cuarenta Horas o de la exposición solemne anual prevista en el Código de Derecho Canónico. Muchos sacerdotes también aceptarían de buena gana manuales de altar para los ritos de adoración pública.

[Texto original: inglés]

– Revda. Hna. Yvonne COLY, Formadora del Centro «Mater Christi» de Bobo-Dioulasso (SENEGAL)

Gracias, Santo Padre, por haberme invitado a participar en este encuentro, que hace vibrar en mí un corazón más eclesial, y me da una conciencia más viva de la Iglesia familia, de su misterio de comunión y de su realidad universal.
En nuestro país, cuando se convoca a las mujeres o se reúnen porque hay que “promover” la Vida o porque la vida “está amenazada”, cada una de ellas va al encuentro con su calabaza.
Dado que se trata de la Eucaristía: Pan de Vida Eterna, se trata de acoger la Vida, y de “promoverla”, pues “la Eucaristía misma lleva consigo su proyecto”, nos dijo nuestro Papa Juan Pablo II. Entonces, es una cosa “seria”, ya que no hay nada más grande, y es algo “grave”, pues perderla sería lo peor que podría sucedernos.
Como religiosa africana, vengo a vosotros con mi calabaza particular… en nombre de la Vida.
Calabaza de nuestra vida abierta a los dones del Padre, que tenemos que recibir, vivir, transmitir. A través de la fe, (perlas blancas) el Espíritu nos hace pasar de la muerte (perlas negras) a la vida, en la generosidad de su amor vivido hasta el final (perlas rojas), en la alegría (los cauris); se trata de la calabaza de la ofrenda de la comunión y de la partición.
Si “la Eucaristía hace la Iglesia”, puedo decir también que “la Eucaristía hace la vida consagrada”. Este aspecto lo ha presentado con claridad y profundidad S.E.R. Mons. Rodé.
A partir de este simbolismo de la calabaza, puedo todavía añadir lo siguiente:
– La vida crece: al compartir las experiencias de las Iglesias, ¡cuántas bellas realidades vividas entorno a la Eucaristía! Gozamos de ello y damos gracias a Nuestro Dios.
– La vida está amenazada: los testimonios nos lo confirman. ¡El pueblo tiene hambre, el pueblo tiene sed! de significados, de dignidad, de razones y de medios para vivir. El hambre, el sida, la explotación de la mujer, de los niños, los problemas de la ecología…
– La vida tiene que desarrollarse y ser alimentada. “Dios nos ha dado la Eucaristía para que no seamos
ni estériles, ni ingratos” (San Irineo, citado por Mons. A. Sanon). Sólo una fe iluminada puede adorar, alabar, dar gracias, servir “en espíritu de verdad”.
– Muchos han insistido sobre la necesidad de una catequesis a todos los niveles: para los seminaristas, como también para nosotros los consagrados, sobre todo para las mujeres. Una formación tanto doctrinal, litúrgica, pastoral, espiritual, como cultural y en el ámbito de la psico-pedagogía de la transmisión y de la comunicación.
– Favorecer entre los sacerdotes una formación al sentido de la misión de la vida consagrada, al acompañamiento espiritual, para ayudarnos a vivir nuestros encuentros en los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia como camino de conversión, de comunión, pero también de crecimiento y de maduración espiritual, para que seamos capaces de vivir “los pasos de la muerte a la vida” inherentes a nuestra condición de pecadores, a las dificultades de la vida común y apostólica.
En nombre de todos los consagrados de vida activa o contemplativa en los países menos favorecidos, doy gracias al Santo Padre, a sus colaboradores y a las Iglesias particulares por la subvenciones que nos han otorgado, tanto para la formación como para la creación de institutos de formación en nuestros países.
“Señor, extiendo hacia ti la calabaza de la fe, de la Esperanza y del Amor de tu Iglesia. Pon Tú mismo en ella los frutos que tú querrías que este Sínodo produjera “para que tu pueblo tenga vida y la tenga en abundancia”. Te lo pedimos por María, Madre de la Vida.

[Texto original: francés]

– Sr. Luis Fernando FIGARI, Fundador del Sodalitium Vitae Christianae (PERÚ)

En estos días de magnífica experiencia de vida eclesial el asombro ante el misterio ha cundido ante las reiteradas miradas a la Eucaristía.
Se constata que es fundamental ahondar en la valoración del sacrificio amoroso y gratuito del Hijo de María, la conciencia de lo que significa el milagro de la Presencia Real, de cómo se vive la dimensión del Sacrificio Sacramental, sobre la participación en la Misa dominical, la vinculación de la Penitencia y la comunión, la Adoración del Señor Jesús que permanece como Emmanuel en el Santísimo, sobre el ars celebrandi, la comunión espiritual, como valor en sí y respuesta a dolorosas situaciones pastorales, y tantos otros temas fundamentales.
El impacto del agnosticismo funcional, la secularización y tantas malignas corrientes que sellan la “cultura de muerte” invitan a una creciente y ardorosa nueva evangelización ad intra Ecclesiae, ante las debilidades que se constatan.
La fe, clave de la vida cristiana, es el fundamento que nos permite acercarnos a la Eucaristía, y por ello merece una atención especial. Ello exige una recta perspectiva antropológica y cultural, así como una detenida mirada al proceso de cómo la nostalgia de infinito y la cuádruple reconciliación de la persona humana son escamoteadas por muchos sucedáneos que ofrecen las ideologías y la praxis de este tiempo.
La mirada de fe al don de la Eucaristía debería conducir a la maravilla continua y a clamar: «¡Señor mío y Dios mío!».
Como otros, el tiempo de hoy tiene también características y exigencias que constituyen un desafío a la vida cristiana y a la evangelización. Pero con el auxilio que viene de Dios no serán insuperables. Debemos ser, sí, conscientes de nuestras fragilidades, y desde ellas abrirnos a la luz y fuerza que viene en nuestro auxilio, y así vivir y dar razón al mundo de nuestra esperanza.

[Texto original: español]

– Rev. P. Athanasius SCHNEIDER. O.R.S., Padre Espiritual y Director de Estudios del Seminario Mayor de Karaganda. Secretario de la Comisión litúrgica de la Conferencia Episcopal (KAZAJISTÁN)

He pasado mi infancia y mi primera juventud en la Unión Soviética. La vida sacramental y, especialmente la vida eucarística, debían desarrollarse en la clandestinidad. Lo que me ha impresionado mucho, y que me ha quedado impreso en la memoria, ha sido la actitud hacia la Santa Comunión que describiría como “ars communicandi”, aludiendo a la expresión “ars celebrandi”. A continuación doy los siguientes ejemplos de dos sacerdotes de aquellos tiempos. El primero es el Beato Alexis Saritski, que murió mártir en Kazakistán (+30-10-1963). En los años cincuenta, durante sus visitas clandestinas a los católicos deportados en los montes Urales donde se encontraban mis padres, mi madre le pidió que dejara una hostia consagrada para su madre gravemente enferma, la cual deseaba ardientemente recibir todavía una vez más la Santa Comunión antes de morir, ya que no se sabía si habría llegado o no un sacerdote a esa lejana región. El Beato Alexis dejó una hostia consagrada a mi madre, dándole la instrucción de administrar la Comunión de la manera más reverente posible.
Cuando llegó el momento oportuno, mi madre se puso los guantes blancos y con una pinza administró la Santa Comunión a su madre enferma. Y esta fue la última Comunión para ella. Durante la administración de la Eucaristía mi madre misma hubiera querido recibirla, pero no fue posible hacerlo sacramentalmente sino espiritualmente. Pasaron todavía algunos años antes de que mi madre pudiera recibir la Santa Comunión. Sin embargo, esa Comunión espiritual le daba la fuerza suficiente para seguir siendo fiel en tiempos de la persecución para transmitir el amor y el respeto hacia la Eucaristía a sus hijos. El otro ejemplo es el del Padre Janis Pawlowski. También él paso un período en el lager estalinista de Kazakistán y luego murió en olor de santidad en Letonia (+09-05-2000). Él celebró mi primera Comunión en la clandestinidad cuando éramos un pequeño grupo de niños. Las circunstancias de la vida eran bastante modestas, pero había una gran alegría interior en nuestras almas, y el Padre Pawlowski nos repetía: “Traten de hacer cada comunión como si fuera su primera y última Comunión”.

[Texto original: italiano]

– Hno. Marc HAYET, Responsable General de los Pequeños Hermanos de Jesús (FRANCIA)

Parto de la experiencia de nuestras fraternidades contemplativas, que trabajan entre los pobres. La Eucaristía es el camino habitual de nuestra oración. Pero, como escribió Charles de Foucauld, el Señor nos ha hecho juntar “la exposición del Santísimo Sacramento y una vida expuesta”. Una vida expuesta a los ojos de los pobres, que saben que tenemos un trabajo y una vida parecida a la suya, que compartimos sus mismas preocupaciones por una existencia más justa y digna. Una vida expuesta a esta otra presencia del Señor: su presencia al lado de los pobres. La vida de la gente no nos deja, vive en nuestra oración. Este compartir la vida nos hace descubrir el rostro del Dios de la ternura, que camina humildemente con nosotros, como demuestra la Eucaristía.
Querría hacer una petición. Estemos atentos a nuestra manera de hablar. Hablar de nuestro mundo principalmente en términos de “cultura de la muerte”, ¿no es acaso una falta de respeto hacia todas aquellas personas que intentan vivir su fe en Dios o su fe en el hombre entregándose por el servicio de la vida, desde el padre o la madre de familia hasta las personas comprometidas en el ámbito político o social? Este mundo, es también el lugar de todas las generosidades y de todos los compromisos, a veces pagada al precio de la vida; y es este mundo, variado, y no otro, que el Padre ama, por el que dona a su Hijo (la Eucaristía nos lo recuerda) y donde está obrando su Espíritu.
La secularización nos ha despojado de la influencia que habíamos tenido. Nos cuesta aceptarlo. Los hombres y las mujeres de hoy no pueden entender la Palabra del Evangelio si no se la presentamos como una propuesta dirigida a su libertad, en un verdadero diálogo en el que respetamos su búsqueda y en el que aceptamos acoger su competencia y su experiencia de vida, comprendida la de los más pobres, rica de humanidad. Tal vez el
humilde signo del pan y el vino, accesible a todos y comprensible para todos, nos invita a este diálogo.

[Texto original: francés]

– Revda. Hna. Rita BURLEY, A.C.I., Superiora General de las Siervas del Sacrado Corazón de Jesús (GRAN BRETAÑA)

Las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, una congregación religiosa fundada en España en 1877 por S. Rafaela María Porras, tiene en el centro de su propia vida la celebración de la Eucaristía; ella es para el Instituto lo que la raíz es para el árbol, es decir, la vida.
La invitación de Cristo ”haced esto en memoria mía”, es vivida con la continuidad de la gracia de la celebración en la adoración Eucarística y en el trabajo apostólico que transmite la experiencia del amor salvífico de Dios.
La contemplación de Cristo en la Eucaristía nos impulsa a la búsqueda y a la obediencia de su presencia en todas las cosas, haciendo de nuestra vida un continuo acto de adoración. “En cada acción mía debo tener en mente que me encuentro en un gran templo y, como un sacerdote, debo ofrecer sacrificio y alabanza, siempre en cada cosa, para la mayor gloria de Dios” afirma S. Rafaela María Porras.
“No hay entonces auténtica celebración y adoración de la Eucaristía que no conduzca a la misión” (Discurso de Juan Pablo II a los jóvenes de la Diócesis de Roma participantes en la misión “Jesús en el centro”, 9 de octubre de 2004). Lo que transforma todo lo que somos y hacemos en una participación en la misión de Cristo es la transformación de nuestro corazón a través de la comunión con el Amor de Cristo en el misterio Eucarístico. Cuando fijamos la mirada en el Corazón de “aquel al que han traspasado” (Jn 19,37), vemos la bondad amorosa de Dios y así miramos al mundo con esperanza.
Es nuestro deseo ser mujeres y comunidades de compasión y comunión al servicio de la verdadera vida (Jn 6,35). “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Hacemos esto de muchas maneras, según las necesidades y las culturas locales; la Eucaristía constituye siempre el corazón que late en nuestras misiones (cfr. I. L. 88).
La gente de Bazartete, en Timor Este, está viviendo las penosas consecuencias de la guerra. Nuestras hermanas ofrecen la presencia salvífica de la adoración Eucarística, sostienen proyectos humanitarios y de instrucción y se dedican a escuchar los sufrimientos de las personas, acompañándolas en el difícil camino hacia la paz y la reconciliación: “Os dejo la paz, mi paz os doy” (Jn 14,27).
En la diócesis de Yokohama, en Japón, dentro de una fuerte cultura budista, las Hermanas dan un silencioso testimonio de su fe en la Presencia del Señor Resucitado; y en la enseñanza que prestan en las escuelas y en las Universidades transmiten los valores evangélicos del amor, del perdón y del respeto. Muchos se sienten atraídos a la fe en Jesús: “ Y yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”. (Jn 12,32).
La Eucaristía y trabajar por la justicia son dos hechos inseparables. La Comunión con Cristo en la Eucaristía comporta la aceptación de la responsabilidad moral de trabajar con Él, en colaboración con los otros, para transformar sistemas y mentalidades injustas en estrategias y planes que promuevan la verdadera naturaleza del amor de Dios para nuestra familia humana: “¡He aquí que vengo (…) a hacer, oh Dios, tu voluntad!”(Hb 10,7).

[Texto original: inglés]

– Revdo. Ignacio GRAMSCH LABRA, Vicario Paroquial de San Luís Beltrán de Pudahuel, Santiago de Chile. Asesor Arquidiocesano de la Pastoral de los Acólitos (CHILE)

Aún estoy sorprendido de haber sido invitado a participar como auditor en el Sínodo. Estoy muy sorprendido, pero inmensamente agradecido de Dios por darme la oportunidad de escuchar con cuanto amor ustedes, queridos obispos, hablan de nuestra amada Iglesia y se desvelan por la evangelización del mundo de hoy con la certeza de la precencia de Jesús el Señor, en medio nuestro, en la Eucaristía.
Desde hace cinco años soy el encargado de la Pastoral de los Acólitos de la Arquidiócesis de Santiago. Trabajamos con niños y jóvenes que sirven en el altar, para que la celebración de los Sacramentos y especialmente de la Eucaristía, sean celebrados con mucho amor, devoción y belleza.
En la Pastoral Juvenil y Vocacional nos dimos cuenta de la importancia del trabajo con los acólitos porque un porcentaje bastante significativo de los sacerdotes hoy día en Chile, fueron acólitos cuando eran niños o jóvenes. Probablemente algunos de uds. queridos obispos, también fueron acólitos cuando jóvenes.
Hemos desarrollado un sencillo itinerario de formación para los acólitos de Santiago que consta de seis etapas desde que el niño ingresa y desea prepararse para servir en el altar hasta que recibe el Sacramento de la Confirmación. En cada etapa hay unas metas a lograr, temas para los encuentros, actividades sugeridas y una evaluación final. Consideramos a un joven entre los 8 hasta los 18 años. Se contemplan reuniones semanales con sus monitores, la cercanía a sus sacerdotes, la integración a la pastoral juvenil. En la formación hemos considerado integralmente al joven y, junto a la formación doctrinal, catequética y litúrgica, deseamos que sean buenos estudiantes, buenos hijos, buenos ciudadanos y en el futuro buenos padres de familias católicas.
Los acólitos no sólo asisten a la Santa Misa los domingos sino también algunos días en la semana. Al estar cerca del Señor en la Eucaristía están más dispuestos a adorar al Señor como nos dice el Instrumentum Laboris N° 65. Suelen ser cercanos y amigos del sacerdote, por lo tanto muchas veces tienen a su director espiritual. Suelen participar en retiros espirituales y cursos de formación. Muchos de estos niños llegan a sus capillas o templos antes que sus sacerdotes para la celebración de la Eucaristía y ayudan en la preparación del altar, del misal, del leccionario, las flores etc. Van sintiendo y viviendo, así que la Eucaristía es de ellos y que lo que ellos hacen también ayuda a la belleza de la celebración.
Hemos integrado a los padres de estos niños, porque ellos quieren saber dónde están sus hijos, con quien están y cuales son las actividades que realizan. En bastantes casos son los niños los que han atraído a sus padres a la Iglesia, convirtiendose así los acólitos en una puerta de entrada a los sacramentos para toda la familia.
Quisiera solicitar que el Sínodo y quizás también a nuestro querido Santo Padre, para que pudiera decir algunas palabras fomentando el desarrollo de los acólitos en nuestra Iglesia. Es que a veces los sacerdotes prefieren trabajar con laicos comprometidos adultos para estos servicios litúrgicos tan sencillos. Los adultos no los molestan, no les hacen preguntas indiscretas, suelen ser mas puntuales y responsables. Los niños y jóvenes, en cambio, necesitan que se les tenga paciencia, que se les escuche y eduque con amor. Sin embargo las vocaciones sacerdotales no saldrán de los hombres casados que ya tiene una familia y que tal vez no molestan en la Iglesia, saldrán de aquellos jóvenes que descubren el inmenso amor de Dios y que son acogidos y se les ofrecen las condiciones adecuadas de oración y vida espiritual para estar atentos al Señor Jesús si Él los llama a seguirlo más de cerca en la vida sacerdotal, religiosa o consagrada. La pastoral de los acólitos quiere poner todas las condiciones para que estos niños y jóvenes se encuentren profundamente con el Señor Jesús y lo sigan durante toda su vida en la vocación a la que Dios los quiera llamar.

[Texto original: español]
– Sr. Andrea RICCARDI, Fundador de la Comunidad de Sant’Egidio (ITALIA)

La vida del cristiano entre la gente a menudo cae en el anonimato. ¿El cristiano tiene algo que dar a los otros? No se da sino lo que se ha recibido: el pan de la Palabra y de la Eucaristía. Jesús dice a los discípulos: “dadles vosotros de comer” (Mt 1
4,16): es la misión. Si se ofrece el pan bueno, se experimenta que se tiene hambre del mismo; que el tiempo es menos negativo de lo que parece. ¿Y frente a la gran pobreza? Hoy, o te has perdido o te han olvidado. No se les puede hacer faltar a los pobres el Evangelio. La caridad no dura sin el alimento de la Eucaristía. Esto lo he visto yo en tantas conocidas y desconocidas existencias entre los pobres, que hacen que hoy -a pesar de nuestros límites- la Iglesia haya resurgido para los más desesperados. En fin, los cristianos, desde el infierno de las persecuciones del siglo XX, demuestran que siempre es posible vivir y comunicar el Evangelio. En 2000 Juan Pablo II ha invitado a recoger los testimonios de los nuevos mártires. Llamo la atención sobre el hecho de que es una obra que hay que recuperar en las Iglesias particulares y a nivel central. Hay un testamento de los mártires que hay que abrir en el contexto de la Eucaristía. El vínculo entre Eucaristía y martirio es fuente de confianza y esperanza más allá de nuestra lectura realista o pesimista de las situaciones.

[Texto original: italiano]

– Revda. Hna. Hermenegild MAKORO, C.P.S., de las Hermanas Misioneras de la Preciosísima Sangre; Animación Pastoral d Comunidades cristianas (SUDÁFRICA)

Soy Sor Makoro, miembro del Grupo diocesano de animación de la diócesis de Umtata, en Sudáfrica. Desde enero de este año recorremos las parroquias y las pequeñas comunidades cristianas de la diócesis y con ellas dirigimos talleres sobre el significado más profundo de la Eucaristía. Dado que tengo el pulso de la situación a un nivel más amplio, querría exponeros una observación alarmante.
Ante todo, existe una ignorancia preocupante, incluso entre los buenos y viejos católicos, relativa al significado más profundo de la Eucaristía. En segundo lugar, para la mayoría de ellos, la oración eucarística no es otra cosa que una oración más leída por el sacerdote después de la liturgia de la Palabra. La liturgia de la Palabra es a veces más interesante que la lectura del canon por parte del sacerdote.
Hemos descubierto también que buenos sermones o lecciones brillantes sobre la Eucaristía son inconsistentes, si el significado más profundo de la Eucaristía, es decir, el misterio, no se experimenta en la celebración.
Por tanto, os ruego que me permitáis presentar la siguiente petición:
Pedimos a nuestras autoridades en campo litúrgico que encuentren maneras y medios para explicar y hacer hincapié en el tema esencial de la Eucaristía en nuestras oraciones eucarísticas, para ayudar a nuestros fieles a entrar en relación con el misterio y hacer experiencia de él.
Por ejemplo, en la liturgia de la Palabra se clarifica y se resalta la presencia del Señor con la procesión solemne del Evangelio y el canto alegre del Aleluya.
Mi humilde petición es la siguiente:
¿Podríamos hacer algo similar durante la oración eucarística, para explicar y poner de relieve los distintos aspectos del misterio eucarístico? Por ejemplo:
– la presencia de Cristo “en persona” (ej. con la adoración silenciosa, una alegre bienvenida)<br> – el sacrificio de Jesús en la cruz (ej. con la exposición de un crucifijo, subrayando la expresión “ofrecido por vosotros”, que ilumina el sentido de la fracción del pan)
– el sacrificio de la Iglesia (que da voz al sufrimiento humano)
– la Resurrección de Jesús (saludando al Señor resucitado ¡isibongo!)
– la celebración de acción de gracias (invitando a los participantes a recitar breves aclamaciones para dar gracias)
– la celebración de la unidad (traer a personas de diversas procedencias en torno al altar e invitarlas a intercambiarse la señal de la paz)
– la eterna fiesta nupcial del Cordero (con los santos y los antepasados)
Querría hacer una segunda sugerencia:
Se podrían preparar una serie de celebraciones eucarísticas, que traten los diversos aspectos del misterio eucarístico. Se podrían recitar oraciones apropiadas, un prefacio especial, oraciones especiales por parte del celebrante y maneras diversas de ilustrar el tema específico durante la oración eucarística. Esta serie de celebraciones eucarísticas podría tener lugar de vez en cuando en las parroquias, para explicar un particular aspecto del misterio eucarístico.

[Texto original: inglés]

– Sr. Zbigniew NOSOWSKI, Director del mensual católico «Więź», Varsavia; Miembro del Consejo Nacional de los Laicos en Polonia (POLONIA)

1. Hace diez años, junto a otros amigos de mi generación preparé un libro y una serie de TV que llevaba como título “Los hijos del Vaticano II se interrogan”. La expresión elegida “Hijos del Concilio” llegó a ser bastante popular en Polonia como apelativo para aquellos católicos que habían nacido con el Concilio Vaticano II y NO recordaban otras liturgias si no aquellas expresadas en su lengua materna, para quienes lo redescubierto por el último Concilio, como la llamada universal a la santidad, la apertura ecuménica, el diálogo con las otras religiones y con los no creyentes, sin duda representaban novedades, pero también una parte descontada de la enseñanza oficial de la Iglesia, parte y bagaje de la tradición.
Basándome en esta experiencia, quisiera aprovechar la ocasión para hablar al Sínodo de los Obispos que se está desarrollando en el año del 40º Aniversario de la clausura del Vaticano II, para agradecer a la Divina providencia este gran don del Concilio y las reformas post conciliares, comprendida la litúrgica. Ha habido, seguramente, muchos abusos en la celebración de la Eucaristía, y es necesario superarlos. Pero déjenme expresar mi convicción de que si no fuese por la reforma litúrgica, muchos católicos de mi generación no habrían encontrado su lugar en la Iglesia (o al menos hubiera sido más difícil).
2. La Eucaristía es indudablemente el momento más importante en la vida de la Iglesia. Quiero usar el lenguaje de los negocios – es la marca o el escaparate de la Iglesia. Muy frecuentemente es la única realidad con la que un cierto número de católicos y de no católicos tiene contacto directo con la Iglesia. Por ello, y también por razones pragmáticas, debemos hacer lo mejor posible en cada parroquia, para que la Misa del domingo sea verdaderamente bella, inspiradora y lleve a los fieles a una participación profunda.
Está bien que las parroquias estén animadas con fiestas en el jardín o con actividades deportivas, pero el elemento de mayor importancia en la vida de la parroquia debería ser el amor por la Eucaristía dominical.
La responsabilidad del sacerdote en este campo es crucial. Si la Misa está dicha sólo por el sacerdote, los fieles se limitan a escuchar. Cuando es celebrada por un sacerdote como un gran misterio, si él lo advierte, lo siente y lo expresa en el espíritu de la liturgia; si él reza de manera visible, mientras celebra la Eucaristía, los fieles captarán la invitación a una comunión más profunda con Dios.
3. Por lo tanto, mucho depende del sacerdote, pero al mismo tiempo, déjenme decir que en las discusiones de este Sínodo advierto la falta de una reflexión sobre la espiritualidad de los laicos, o lo que es lo mismo: la espiritualidad eucarística laica. El Instrumentum Laboris la menciona brevemente en los números 75 y 76, pero se limita a las devociones. Para mí la espiritualidad eucarística no significa solamente asistir a la. Misa y adorar el Santo Sacramento. La misma cubre el arco de toda la vida.
Sobre todo los laicos de hoy tienen necesidad de comprender nuevamente la relación entre la Eucaristía y su vida de cada día. La Eucaristía -como sacrificio, presencia, alimento, memorial- nos dice algo mucho más importante y concreto para nuestras decisiones cotidianas, sobre cómo nos comportamos en nuestros matrimonios, en nuestras familias, en nuestras oficinas, en nuestras cocinas, en nuestros dormitorios, en la vida social. Nos dice: cuanto más te entregues a los demás, más te enco
ntrarás a ti mismo, cuanto más sacrifiques, más recibirás. Esta es la actitud eucarística, así se llega a ser verdaderamente una persona eucarística aunque no se participe en la misa día a día: De esta manera María ha sido mujer de la Eucaristía antes de que fuese instituida.
4. Mis más de 20 años de experiencia en el movimiento “Fe y Luz” fundado por Jean Vanier y Marie-Helene Mathieu llevan a mi propuesta final. En esta comunidades, reunidas alrededor de personas discapacitadas psíquicas, he aprendido que la Iglesia ha recibido dos tesoros: La Eucaristía y los pobres. Pero estos dos tesoros raramente van juntos. Tenemos necesidad de signos visibles de su unidad. Sobre todo aquellos que comparten el pan eucarístico deberían manifestar cada vez más visiblemente su solidaridad hacia los pobres que no siempre tienen el pan cotidiano.

[Texto original: inglés]

– Sra. Marie-Hélène MATHIEU, Coordinadora internacional del Movimiento «Foi et Lumière» (FRANCIA)

El número 79 del Instrumentum Laboris hace referencia al nexo entre Cristo presente en la Eucaristía y Cristo presente en las personas discapacitadas física o mentalmente (que representan entre el 20 y el 25% de la población)
1. La actitud de la sociedad, no obstante todos los progresos realizados, es aún de desprecio y de rechazo. (Por ejemplo, algunas leyes sobre el aborto prevén la supresión del niño discapacitado hasta la vigilia de su nacimiento). En las antípodas de estas prácticas, Jesús manifiesta un amor de predilección hacia todas las personas discapacitadas. Además del tesoro de su presencia en la Eucaristía, Jesús nos asegura su presencia en la persona pobre y débil.
2. Juan Pablo II, hablando a algunas personas discapacitadas mentales, les dijo: “Ocupen un lugar en el corazón de la Iglesia”. Cómo pueden las Parroquias ayudarlos a encontrar mejor este lugar?
Un acondicionamiento especial puede contribuir pero más importante es la calidad del acogimiento, ése que permite a cada uno sentirse amado, llamado a amar, a ser útil.
3. La Iglesia pide a los padres el respeto incondicional de la vida del niño, que es sagrada desde su concepción. Al mismo tiempo, qué esencial es que ella los ilumine, los sostenga asegurándoles su presencia a su lado a lo largo del crecimiento humano y espiritual de su pequeño!
Quienes tienen una discapacidad mental, quienes no pueden expresarse con la palabra, pueden mostrar con sus actitudes que son capaces de distinguir el cuerpo de Cristo del alimento común y pueden ser preparados para recibirlo.
Los sacerdotes, en cambio, haciendo referencia al canon 913, dudan en dar la Eucaristía a las personas gravemente discapacitadas que parecen incapaces de relación. Pero no podemos, entonces, tomar en consideración el gran deseo y la alegría de Jesús por darse a los más desprovistos de sus fieles? Los procedimientos de las iglesias orientales en lo que concierne a los tres sacramentos de la iniciación cristiana podrían tal vez ayudar a la Iglesia a profundizar su reflexión sobre este tema.

[Texto original: francés]

– Sr. Alexei V. JUDIN, Profesor de Historia de la Iglesia y del Diálogo interconfesional en la Federación Rusa, Russian State University for the Humanities, St. Thomas College (Moscow) (FEDERACIÓN RUSA)

Querría hacer referencia brevemente al nº 86 del Instrumentum Laboris sobre el tema “Eucaristía y ecumenismo”.
Como bien sabéis, nosotros los católicos de Rusia afrontamos el problema del diálogo con los ortodoxos de modo grave. En este Aula Sinodal hemos escuchado recientemente diversas intervenciones sobre este punto, entre ellas la aclaración concreta del Card. W. Kasper, las relaciones del Card. L. Husar y de los prelados de las Iglesias Católicas Orientales. La pregunta del Card. Husar sobre la paradoxal existencia de la “supercumbre” de la vida cristiana en la perspectiva de la unidad de las Iglesias me llega al corazón y me parece muy ardua. De hecho, ante el Sacramento de la Eucaristía, nosotros, católicos y ortodoxos, experimentamos el verdadero asombro del que se ha hablado tantas veces en esta asamblea. Pero este asombro es desconcertante y frustrante. En realidad, precisamente en la importancia ecuménica de la Eucaristía, se manifiesta el gran escándalo de las divisiones entre los cristianos. Precisamente ante Cristo Eucarístico se hace evidente que no hay excusas para la desintegración del mundo cristiano.
Para nosotros, los católicos, existen normas que regulan la intercomunión con los no católicos. Pero el reconocimiento recíproco con los ortodoxos de la verdadera presencia del Señor en la Eucaristía, nos compromete a dar pasos adelante en el camino de la reconciliación. ¿Qué pasos podemos dar? Ante todo, sin violar las reglas bien expuestas y sin diluir la identidad católica, debemos pensar de manera que se pueda superar la crisis actual del ecumenismo. El ecumenismo en su versión actual se concentra más bien sobre las discusiones acerca de las diversas cuestiones históricas, teológicas, etc. La dimensión del ecumenismo espiritual se limita a oraciones genéricas, a encuentros fraternales a diferentes niveles, pero se detiene ante la Eucaristía. En efecto, todas estas expresiones y eventos intentan evitar la realidad eucarística.
En este caso, pienso que la misma presencia de Jesús en la Eucaristía debe guiarnos hacia el futuro. Hay que ir al fondo del significado de esta presencia viva del Señor. Este camino común debe continuar sobre el camino ya iniciado del conocimiento recíproco. En el siglo pasado hemos obtenido un verdadero progreso en ese conocimiento, y ahora no debemos contentarnos con los frutos recogidos hasta este momento.
¿Cómo podemos profundizar en este conocimiento recíproco desde la perspectiva eucarística? No tengo una respuesta cierta, pero puedo presentaros una propuesta. Tenemos muchos carismas en la Iglesia Católica – los carismas de las distintas órdenes, de las distintas congregaciones religiosas, de diversos movimientos, etc. Podemos asegurar la unidad entre ellos no sólo a nivel jurídico-administrativo, sino también a nivel espiritual. Estos carismas, estos dones espirituales de las realidades católicas, son bien distintos entre ellos. Tal vez están aún más diferenciados, si no en la doctrina, seguramente en la sensibilidad y en la expresión, que lo están la realidad católica y la realidad ortodoxa en su conjunto. Por tanto, si somos capaces de gestionar las cosas en el ambiente católico asegurando la unidad entre distintos carismas, ¿por qué no podemos acercarnos al Misterio Eucarístico juntos en la unidad reconciliada entre realidades de Oriente y Occidente? Lo crucial y decisivo en este caso se resume en la sinceridad absoluta de nuestra convicción de que consistimos en Cristo y en Su presencia eucarística, como decía el famoso teólogo ortodoxo ruso Pavel Florenskij.

[Texto original: italiano]

– Sr. Francisco José GÓMEZ ARGÜELLO WIRTZ, Co-Fundador del Camino Neo-Catecumenal (ESPAÑA)

No puedo dejar de dar testimonio ante esta asamblea de lo que el Señor está obrando.
Tengo todavía delante de mí el encuentro de Colonia, donde el Camino ha llevado a más de cien mil jóvenes, y donde, como fruto de las Jornadas de la Juventud con el Papa Benedicto XVI, en el encuentro vocacional que hemos tenido el día siguiente, miles de jóvenes se han animado a entrar en el seminario y muchas chicas a hacer vida contemplativa y de adoración.
¿Cómo ha sido posible este hecho? Lo ha dicho el Papa en Colonia: formad comunidades basadas en la fe que recorran un itinerario hacia Cristo, en comunión con el Papa y con los obispos. Es impresionante pensar que detrás de cada uno de estos jóvenes exista una pequeña comunidad en la parroquia, con la que están recorriendo un camino de iniciación cristiana y en los que la Eucaristía, celebrada en su propia comunidad, es fundamental para madurar su fe y su vocación.
Muchos de estos jóvenes
vienen de familias reconstruidas y muchos otros, que se habían alejado de la Iglesia, han visto las señales de la fe en comunidades vivas. Han recibido el anuncio del kerygma en la catequesis y han iniciado un catecumenado post-bautismal de redescubrimiento del Bautismo, en cuyo centro está la Vigilia pascual que canta y cumple el misterio de nuestra salvación.
Dado que la Eucaristía, pascua de la semana, alimenta la vida cristiana, tenemos que preguntarnos hoy: ¿qué es la vida cristiana? ¿qué anuncia la Iglesia?
Que Dios ha enviado a su Hijo al mundo para hacer pasar a la humanidad de este mundo al Cielo, de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. ¡Cristo ha resucitado, grita la Iglesia! Cristo ha vencido a la muerte y vive resucitado en los cristianos. ¿Cómo podemos llevar al mundo esta noticia? Dice san Pablo: “Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes la muerte de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo…, de modo que la muerte actúa en nosotros, mas en vosotros la vida” (2 Cor 4, 10-12). He aquí el dinamismo de la pascua que alimenta nuestra fe: necesitamos que Cristo se nos entregue en la Eucaristía, su morir por nosotros, en el pan fraccionado y en su Sangre versada, para poder mostrar su resurrección, su vida inmortal al mundo.

[Texto original: italiano]

– Revda. Hna. Margaret WONG, F.d.C.C., Congregación de las Hijas de la Caridad Canosianas; Promotora de los Centros de Adoración Eucarística (Hong Kong)

Les doy las gracias por haberme permitido hablar en nombre de las personas discapacitadas de Hong Kong.
En el pasado, la mayor parte de las personas discapacitadas de nuestra región se encontraba sin la posibilidad de participar en las celebraciones eucarísticas, porque las iglesias no eran accesibles para ellos. Gracias a Dios, en 1993 fue constituido el Centro Diocesano Pastoral para Discapacitados y así nuestros discapacitados comenzaron a frecuentar Misas en diversos grupos, según sus especiales exigencias. A pesar de nuestros límites y restricciones económicas, como la pobre viuda del Evangelio, invertimos, con todo el corazón, todo lo que teníamos
Durante estos años, antes de volver a pertenecer a China, nuestra sociedad fue invadida por el miedo y la incertidumbre. Habida cuenta de nuestra incapacidad para resolver cualquier problema, comenzamos a empeñarnos en tener cotidianamente una hora santa y a hacer oraciones de intercesión en el Centro para Discapacitados. Desde 1996 la adoración cotidiana se fue extendiendo a 12 horas, concentrada en la oración por la santificación de los sacerdotes.
Estamos profundamente conmovidos por el testimonio de los discapacitados, que enfrentan todo tipo de sacrificio para participar en la Misa y en la adoración, mientras los así llamados hábiles no tienen tiempo.
Mientras tanto, el porcentaje de personas con problemas psicológicos y tendencias suicidas ha ido aumentando cada vez más. Estas personas que se sienten fracasadas en sus vida, con relaciones fracasadas en su haber y espíritu derrotista, fueron rechazadas por sus propias familias, también ellas fracasadas, y asimismo por nuestra sociedad caracterizada por el secularismo y el materialismo. En la Eucaristía vemos el corazón herido de Cristo que tiene sed de salvar a la humanidad fragmentada. En Él aprendemos a estrechar en un abrazo y a amar sinceramente a todas estas personas con una vida quebrantada. Las invitamos a buscar la curación espiritual en el Señor Eucarístico. Nos han referido acerca de muchas curaciones interiores y hemos recibido muchos llamados telefónicos de extranjeros que nos pedían oraciones de intercesión. Respondiendo al apremiante llamado a mi corazón por parte de Nuestro Señor, en 2002 constituí un pequeño grupo dirigido a los laicos de vida consagrada con el nombre de “Eucharistic Oblate for the Vulnerable”, con el pleno sostén de nuestro Obispo Joseph Zen. Comenzamos con 7 miembros que tenían problemas físicos, mentales o de otro tipo y nos dedicamos a la adoración perpetua. Creemos que la vulnerabilidad humana es un don del amor del Padre y creemos también que puede ser transformada en bendición, un camino de santificación a través de la fuerza transformadora de la Eucaristía.
Antes que nada, nuestro grupo sostuvo la adoración cotidiana en el Centro Pastoral para convertirlo en un centro de adoración perpetua. Con el aumento de los miembros logramos crear un segundo Centro de Adoración Perpetua a partir del Miércoles de ceniza de este año. En ambos centros estamos felices por tener la Misa cotidiana (con homilía), la bendición, la hora mariana y cantar los oficios divinos (también por los no videntes), tener la “lectio” divina semanal para grupos de diversas edades, las Misas de sanación mensuales y el catecismo y, en fin, algunos ritos centrados en la Eucaristía. Con este especial carisma de acercar a las personas con dificultades a la adoración eucarística, el Señor nos manda gradualmente muchos voluntarios, que se dedican también a la adoración eucarística perpetua para ayudarnos en nuestro ministerio, por ejemplo, en los siguientes cosas:
1.Observar el ayuno de pan y agua cada miércoles y viernes y rezar especialmente por cada sacerdote.
2. Adoración Eucarística para los niños, semanal y mensual, y una adoración de noche en los días de fiesta.
3. Adoración eucarística para centenares de alumnos de la escuela primaria, de la que sólo el 10% son católicos, apelando a la admiración de los profesores por su extraordinaria atención en relación al Señor Eucarístico.
4. Adoración eucarística en la República China, que se resolvió en la hora santa cotidiana o también en la adoración perpetua en todas las parroquias donde hemos estado (por ejemplo Bien Chuen en Hebei y San Pedro y Pablo en Shanghai).
5. Curación espiritual de enfermos de SARS y de sus parientes, como así también del personal médico, que está en primera línea en los momentos críticos.
6. Ayuno y oración de intercesión cotidiana en la hora del almuerzo.
7. Oración de intercesión desde la medianoche a las 6 de la mañana por la homilía del sacerdote.
8. Sitio Internet www.eucharisticoblate.org
Recemos para que a través de la intercesión del difunto Papa Juan Pablo II, el Señor Eucarístico pueda satisfacer el hambre de nuestro pueblo chino con Su Palabra y su Pan y que Su majestad pueda pronto reinar en China. Maranatha. Amén.

[Texto original: inglés] [Traducciones distribuidas por la Secretaría General del Sínodo de los Obispos]

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ZENIT Staff

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