Conclusiones del primer Congreso Eucarístico Internacional Universitario

Celebrado en la Universidad Católica San Antonio de Murcia

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MURCIA, domingo, 13 de noviembre de 2005 (ZENIT.org).- Publicamos las conclusiones del primer Congreso Eucarístico Internacional Universitario celebrado en la Universidad Católica San Antonio de Murcia, clausurado este domingo.

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1. Confesamos que en el Misterio de la Eucaristía, que nos asombra, nos conmueve y nos invita a la acción de gracias, se nos ofrece el don inmenso y gratuito del amor de la Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo.

2. La Persona viva de Jesucristo, el Hijo de Dios Crucificado y Resucitado, que dio su vida por nosotros, se hace real y verdaderamente presente en la Eucaristía, con su Cuerpo y con su Sangre, y se ofrece a nosotros para hacernos su Iglesia.

3. En la adoración de la Eucaristía reconocemos la presencia de aquel que se entrega por nosotros, nos comunica su vida y nos invita a identificarnos con sus mismos sentimientos. Contemplando el rostro de Cristo en la Eucaristía aprendemos a servirlo también en nuestros hermanos.

4. Para el hombre y la mujer de nuestro tiempo, hambrientos consciente o inconscientemente de felicidad imperecedera, el Congreso ha destacado que Jesucristo, en la Eucaristía, es Pan vivo bajado del cielo que suscita y sacia nuestros deseos de verdad y de vida, de belleza y de gozo.

5. Por eso, no podemos dejar de celebrar la Eucaristía, Misterio por excelencia de nuestra fe, memorial de la Pascua del Señor, banquete de comunión, sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad. El mandato del Señor a los apóstoles «haced esto en conmemoración mía» se realiza por medio de los obispos y de los presbíteros, que actúan en el nombre y en la persona de Cristo. De ahí que, en un momento en que la escasez de vocaciones al ministerio sacerdotal hace sufrir a no pocas Iglesias, pedimos al Señor de la mies mande obreros a ella y suscite en los jóvenes la fidelidad a la vocación sacerdotal recibida.

6. Expresión elocuente de esta presencia eucarística de Cristo en su Iglesia para la salvación del mundo es su celebración en el domingo, día del Señor. La Eucaristía, Pascua semanal, al asumir el trabajo, el sufrimiento, el gozo y las esperanzas de cada día, los convierte en sacrificio espiritual agradable al Padre.

7. La Eucaristía, Memorial del Paso del Señor de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, de la tristeza a la alegría, es fuente y fuerza de transformación de la vida de los cristianos, del mundo y de las realidades sociales.

8. Como este Congreso ha puesto de relieve, las tareas propias de una Universidad Católica encuentran su centro iluminador y propulsor en Cristo, Sabiduría del Padre, Alfa y Omega de la Creación. La luz, la verdad y la vida que brotan de la presencia real del Señor en la Eucaristía, sanan y elevan la mente, el corazón y la actividad de los cristianos que viven y trabajan en medio de las realidades temporales.

9. La Eucaristía, donación total, amorosa y gratuita de Jesucristo, que destierra el odio, el egoísmo y la violencia, origina una nueva cultura, una «cultura eucarística», que pone a Dios en el centro de la existencia y lo reconoce con gratitud como principio y fin de todas las cosas. Esta cultura engendra el respeto de la vida humana, el reconocimiento de la dignidad inalienable de cada uno de nuestros prójimos y el cuidado de la creación. Nuestra vida se torna así donación y entrega, manifestadas en un sincero amor fraterno y en un serio compromiso por la paz, la justicia y la reconciliación universal en Cristo.

10. El Congreso ha recordado una vez más que la santidad de la Eucaristía exige previamente la reconciliación con Dios y con los hermanos. Esta reconciliación se obtiene de manera ordinaria en el sacramento de la Penitencia, que nos prepara para recibir digna y fructuosamente la santa comunión.

11. La celebración de la Eucaristía, al hacernos partícipes de la vida y de la misión de Cristo muerto y resucitado, nos urge a todos, pastores y fieles, como a los discípulos de Emaús, a ser sus testigos y apóstoles de su Reino.

12. Frente a un mundo cerrado sobre sí mismo, atento sólo a lo inmediato y efímero, que fácilmente sucumbe ante el sufrimiento y la muerte, la Eucaristía es promesa de resurrección y prenda de felicidad plena y eterna.

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ZENIT Staff

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