República Centroafricana: Desde Córdoba con amor

El «obispo de los pobres» en Bangassou recibe la ayuda de sus paisanos

Share this Entry

CÓRDOBA, viernes 20 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- El «obispo de los pobres» de Bangassou Juan José Aguirre, que lleva más de treinta años como misionero comboniano en la República Centroafricana, recibió un cargamento de ayuda de su diócesis de procedencia, Córdoba (España).

En noviembre pasado, salieron los contenedores solidarios rumbo a Bangassou, tras un trabajo de dos meses de recolecta y preparación, informa en una nota enviada a ZENIT la diócesis de Córdoba.

Miguel Aguirre, de la Fundación Bangassou, informó que, en su viaje a esta población centroafricana, tuvo la oportunidad de descargar los contenedores, lo que fue “una auténtica fiesta” para sus habitantes.

En ese momento, explica, “se paraliza todo el trabajo cotidiano y todo el mundo: cocineros, enfermeros, cooperantes, curas y religiosas acudieron a ayudar a descargar y distribuir las mercancías” comenta monseñor Aguirre. Tras la jornada de descarga, los camiones volvieron a Bangui, la capital. Todos los voluntarios estaban expectantes ante las ayudas que llegaban para sus misiones.

Desde la Fundación agradecen la colaboración de la diócesis de Córdoba con el proyecto de Bangassou que presta ayuda a huérfanos, enfermos, estudiantes, mamás, leprosos, ancianos, etc.

Juan José Aguirre, que lleva más de treinta años en esta misión africana, nacido en 1954, estudió en el colegio La Salle, y aunque tenía intención de ir a la universidad para hacerse médico, en 1971, tras leer una frase en el Evangelio de San Marcos, decidió dedicarse al ministerio sacerdotal, en la congregación de los misioneros combonianos.

Se formó en teología, filosofía y antropología (esta última en París), siendo ordenado sacerdote en 1980. Inició su misión en la República Centroafricana, en uno de los países más pobres de la tierra, aunque con cuantiosos recursos naturales, rodeado de países conflictivos, en especial Sudán, y víctima del actual neocolonialismo de gobiernos y multinacionales.

El padre Aguirre fue enviado a la región oriental del país, con capital en Bangassou. Una región tan grande como Andalucía, que carecía prácticamente de carreteras, infestada por todo tipo de enfermedades.

En una sus periódicas visitas a Córdoba, su tierra natal, contó a su paisanos su múltiples vivencias y peripecias. De ahí nació la Fundación Bangassou. Años más tarde, es ordenado adjunto al obispo de Bangassou, y en 2000 obispo de la misma diócesis.

Monseñor Aguirre preside la Fundación Bangassou, fundación cordobesa, que financia proyectos en países en vías de desarrollo, educativos, sanitarios y de promoción social.

En una entrevista al diario Córdoba, el obispo explicaba: «La primera sensación que me queda es la de tener una retaguardia muy sólida, que piensa mucho y trabaja por la misión de Bangassou. No te sientes solo porque alguien piensa en los tuyos, en la gente de mi diócesis, una población enorme extendida en un radio de 900 kilómetros en el centro mismo de África».

En la República Centroafricana la esperanza de vida es de 48 años, el 18% de la población es seropositiva, sobre todo, la franja de los 15 a los 35 años, y de cada cuatro enfermos de sida en Bangassou tres son mujeres. «Al enfrentarme a este llanto, Dios me dice «consoladlo y dadle la dignidad con la que han sido creadas estas personas», explicaba.

La Fundación Bangassou ha editado folletos para la población de la diócesis –en francés y en sango–, explicando cómo se evita el contagio del sida. CajaSur pagó una primera edición y, dados los buenos resultados, una ONG de la Conferencia Episcopal de EE.UU. financió una segunda.

En la leprosería de Bangondé se hacen análisis de sangre para que las personas conozcan si son seropositivos o no. El Colegio de Médicos de Córdoba ayudó a poner en marcha este laboratorio. El hospital Reina Sofía de Córdoba, en colaboración con el laboratorio alemán Buelinger, facilita gratuitamente bolsas con tiras reactivas que, de una forma muy rápida, detectan la enfermedad.

Otro proyecto de la fundación es la construcción de una casa para enfermos terminales de sida: «Las familias intentan cuidar a estos enfermos terminales, verdaderos Cristos crucificados de esta pandemia inmisericorde. Pero luego se cansan y los dejan apagarse a cámara lenta, como en una pesadilla infame, sin medicación ni cuidado específico alguno. La vida se les va lentamente  hasta que se quedan en los huesos. Una manera indigna de morir», explica el obispo.

Un ingeniero de Florencia, Italia, se ha ofrecido a hacer el proyecto e ir a realizarlo con un grupo italiano. El centro, dice el obispo, se podrá llamar «Da ti nguía» (la casa de la alegría).

«En nombre de los hijos de Verónica, muerta hace tres meses, de Chantale, que era responsable de la coral de la catedral durante mi ordenación episcopal, y que ahora está reducida a un saco de huesos, de François o de Cristina, la madre de Armelle y Rosina que se quedarán huérfanas de aquí a poco, en nombre sobre todo de los que sobrevivirán a la plaga, de los que prolongarán su vidas gracias a vuestra ayuda, os doy las gracias y os prometo mi sencilla oración», dice el obispo en la página web de la fundación.

También se ocupan de niños de la calle: Con la ayuda de una señora llamada Aude (viuda con tres niños y ocho adoptados) y el grupo de sus colaboradores de la Asociación de Huérfanos de Bangassou, se intenta seguir a los huérfanos en situación más desesperada, van a buscarlos al mercado, donde duermen de noche o bajo los soportales de los comercios, y los llevan al orfanato o les buscan una familia cristiana que los acoja.

Gracias a bienhechores de Córdoba, de Antequera y al Ayuntamiento de Antequera, se ha podido construir el orfanato. En él hay cuarenta niños internos. Una misionera laica francesa les enseña a teñir los tejidos para venderlos.

«Ayer vino a verme una mujer con su bebé de 4 meses en los brazos. Se llamaba Veronique. Delgada como una cerilla, la boca llena de llagas blancas, las famosas «cándidas» características del Sida en fase terminal. El bebé estaba también muy delgado y la boca llagada. Venía con sus otros 4 hijos de 2-4-6 y 10 años. ‘¿ Pero quién te dejó así, vida mía ¿ Si té estas pudriendo por momentos?’ No me respondió. Sólo me miraba con sus ojos grandes como platos», relata el «obispo de los pobres.

Otro servicio de la solidaridad cordobesa es la acogida, asistencia, escolarización y enseñanza de trabajos a huérfanos que no viven en el orfanato. Son huérfanos que viven con sus abuelas, con sus tíos o con sus hermanas. Hacemos un seguimiento de estos huérfanos para ver en qué casas y en que condiciones viven. Para este proyecto reciben colaboración de Córdoba y de Antequera especialmente.

«Les rehacemos sus casas, les ayudamos para que puedan hacer venta ambulante de caramelos, cigarrillos o de plásticos y a los que son un poco mayores les hacemos que aprendan la albañilería y a las niñas cursos de costura para aprender a coser y a hacer jerséis, punto con lana y con agujas que nos llegan del colegio Almanzor en Córdoba», explica el obispo de Bangassou.

Los huérfanos han empezado junto con la cooperante francesa de 24 años, Carolina, los proyectos de autopromoción: huerto de verduras, pintura de camisetas y foulards, preparación de bolsas para la compra recogiendo los sacos vacios plastificados de cemento, lavándolos y decorándolos o finalmente, el proyecto de venta de mandioca.

Para saber más: www.fundacionbangassou.com

Share this Entry

ZENIT Staff

Apoye a ZENIT

Si este artículo le ha gustado puede apoyar a ZENIT con una donación